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"El Señor no mira tanto la grandeza de las obras como el amor con que se hacen." Santa Teresa de Ávila
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viernes, 11 de noviembre de 2011

Las espinas dan rosas

La vida es un rosal que produce espinas y rosas. Debo cuidarme de no clavarme las espinas, pero no siempre lo conseguiré.



El hábito de mirar el mejor lado de las cosas es una clave para ser feliz. Claro que hay sombras, pero también hay sol. Claro que hay problemas en la vida, pero también hay soluciones.

Todas las cosas tienen el lado bueno y el lado menos bueno. Algunos se empeñan en ver sólo el lado malo, y se amargan la existencia. Otros, en cambio, buscan en todas las cosas el lado bueno, y son felices. “Los tallos de rosa tienen espinas”, dicen los pesimistas. Pero los optimistas responden: "Las espinas producen rosas”.

La vida es un rosal que produce espinas y rosas. Debo cuidarme de no clavarme las espinas, pero no siempre lo conseguiré. Algunas espinas se me clavarán en el alma. Pero eso no me impedirá disfrutar de las maravillosas rosas que produce el rosal.

Una vez que perdemos el ánimo, perdemos un cierto número de días de nuestra vida. El que nos desanima, nos hace un daño total, y, si somos nosotros mismos, nos convertimos en nuestros peores enemigos.

Todo se puede remediar, mientras dura la vida. El ser más animoso de todos es Dios, que logra continuamente cambios de pecadores empedernidos en santos de altar. Él sabe que se puede; que hoy pueden estar las cosas negras, pero mañana pueden amanecer blancas. ¡Qué fácilmente nos damos por vencidos! Cada día más. El colmo del desaliento es la desesperación total, el darse un tiro en la sien, colgarse de una cuerda. Suicidarse, de la forma que sea, significa que no queda ni rastro de esperanza.

No todos llegan al suicidio, pero se pueden acercar peligrosamente. Y los problemas, ¿qué? Los problemas están ahí, pero yo estoy aquí, y no me dejo apabullar, porque sé que cada problema tiene por lo menos una solución. Sé que la actitud frente a un problema, la forma de reaccionar frente al mismo es mil veces más importante que el problema mismo. Hasta se podría decir: ¡Felicidades, tienes un problema!

Si puedo amar a Dios y a mis hermanos; si puedo realizar grandes cosas para mejorar el mundo; si puedo hacer felices a los demás y a mí mismo vale la pena vivir, aunque me clave alguna espina de dolor en el trayecto. Mas aún, las espinas pueden convertirse en rosas: Los sufrimientos de la vida, llevados por amor, se convierten en las rosas más bellas. 
Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net



lunes, 7 de noviembre de 2011

Lo más importante que he hecho en mi vida.


En cierta ocasión, durante una charla que dí ante un grupo de profesionales, me hicieron esta pregunta:

- " ¿Qué es lo más importante que ha hecho en su vida?"

En mi calidad de ingeniero industrial, sabía que los asistentes deseaban escuchar anécdotas sobre mi trabajo, entonces les respondí:

- "Lo más importante que he hecho en la vida, tuvo lugar el 8 de octubre de 1990. Comencé el día jugando al golf con un amigo mío al que no había visto en mucho tiempo. Entre jugada y jugada me contó que su esposa y él acababan de tener un bebé.

Mientras jugábamos, llegó el padre de mi amigo, que consternado, le dijo que al bebé se lo habían llevado de urgencia al Hospital. En un instante, mi amigo se subió al auto de su padre y se marchó. Yo, por un momento, me quedé donde estaba, sin saber qué debía hacer. ¿Seguir a mi amigo al hospital?. Mi presencia allí, me dije, no iba a servir de nada, pues la criatura estará al cuidado de médicos y enfermeras, y nada de lo que yo hiciera o dijera iba a cambiar las cosas. ¿Brindarle mi apoyo moral? Eso, quizás, pero tanto él como su esposa provenían de familias numerosas, y sin duda estarían rodeados de parientes, que les ofrecerían el apoyo necesario. Lo único que haría yo, sería estorbar. Así que decidí ir más tarde al hospital a visitar a mi amigo. Al poner en marcha mi coche, me percaté que mi amigo había dejado su todoterreno con las llaves puestas, estacionado junto a las canchas. Decidí entonces cerrar su coche e ir al hospital a entregarle las llaves. Como supuse, la sala de espera estaba llena de familiares. No tardó en presentarse un médico, que se acercó a la pareja, comunicándoles en voz baja que su bebé había fallecido. Los padres se abrazaron y lloraron, mientras todos los demás los rodeamos en medio del silencio y el dolor. Al verme mi amigo, se refugió en mis brazos y me dijo:"Gracias por estar aquí". Durante el resto de la mañana, permanecí sentado en la sala de urgencias del hospital, viendo a mi amigo y a su esposa sostener en brazos a su bebe y despedirse de él. "Esto es lo más importante que he hecho en mi vida", y aquella experiencia me dejó tres enseñanzas:

Primera: lo más importante que he hecho en la vida, ocurrió cuando no había absolutamente nada que yo pudiera hacer. Nada de lo racional que aprendí en la universidad, ni en el ejercicio de mi profesión, me sirvió en tales circunstancias. A dos personas les sobrevino una desgracia y lo único que pude hacer fue acompañarlos y esperar. Pero estar allí, era lo principal.

Segunda: aprendí que al aprender a pensar, casi me olvido de sentir.

Tercera: aprendí que la vida puede cambiar en un instante.

Así pues, hacemos planes y concebimos nuestro futuro como algo real, y olvidamos que perder el empleo, sufrir una enfermedad grave o un accidente y muchas de otras cosas más, pueden alterar ese futuro en un abrir y cerrar de ojos. Desde aquel día, busqué un equilibrio entre el trabajo y la vida; Aprendí que ningún empleo compensa perderse unas vacaciones, romper con la pareja o pasar un día festivo lejos de la familia. Y aprendí que lo más importante en la vida, no es ganar dinero, ni ascender en la escala social, ni recibir honores. Lo más importante en la vida, es el tiempo que dedicamos a cultivar una amistad.

Por eso doy infinitas gracias a Dios por:

a)  Por mis hijos que NO limpian sus cuartos, pero están viendo la tele, porque significa que están en casa y no en las calles.
b)  Por los descuentos en mi sueldo, porque significa que estoy trabajando.
c)  Por el desorden que tengo que limpiar después de una fiesta, porque significa que estuvimos rodeados de seres queridos.
d)  Por el ruído de las campanas de la iglesia, porque eso significa que está junto a mi casa y no he de realizar sacrificados desplazamientos como ocurre en zonas remotas del planeta y además, puedo libremente asistir sin que peligre mi vida, como en otros países.
e) Por la ropa que me queda un poco ajustada, porque significa que tengo más que suficiente para comer.
f)  Por mi sombra que me ve trabajar, porque significa que puedo ver salir al sol.
g) Por el césped que tengo que cortar, ventanas que necesito limpiar, cañerías que arreglar, porque significa que tengo una casa.
h)  Por las quejas que escucho acerca del gobierno, porque significa que tenemos libertad de expresión.
i)  Porque no encuentro estacionamiento, porque significa que tengo un automóvil.
j)  Por los gritos de los niños, porque significa que puedo oír.
k)  Por la ropa que tengo que lavar y planchar, porque significa que me puedo vestir.
l)  Por el cansancio al final del día, porque significa que fui capaz de trabajar duro.
m)  Por el despertador que suena temprano todas las mañanas, porque significa que... ¡estoy vivo!.
n)  Y finalmente, por la cantidad de correos electrónicos que recibo, por mis contactos en las redes sociales,  porque significa que tengo amigas y amigos que piensan en mí y porque significa que tengo dispositivos con conexión a Internet.

¡Cuántas cosas hay que agradecer al Señor que nos parecen obvias!

Por eso, amig@, cuando pienses que todo en la vida te va mal, lee esta reflexión y ponte en manos de Dios y de tu Madre del Cielo, la Virgen María.



Comparte ésta reflexión.  Envíasela a un amigo, familiar o catequista para que ellos también la puedan disfrutar y compartir.



Fuente:webcatólicodejavier.org

Mensaje de Nuestra Señora Reina de la Paz





"Queridos hijos, el Padre no los ha dejado a merced de ustedes mismos. Su amor es inmenso, amor que me conduce a ustedes para ayudarlos a conocerlo, para que todos, por medio de mi Hijo, puedan llamarlo con todo el corazón, “Padre” y para que puedan ser un pueblo en la familia de Dios. Pero, hijos míos, no olviden que no están en este mundo sólo por ustedes
mismos, y que yo no los llamo aquí sólo por ustedes. Aquellos que siguen a mi Hijo, piensan en el hermano en Cristo como en ellos mismos y no conocen el egoísmo. Por eso, yo deseo que ustedes sean la luz de mi Hijo, que ustedes iluminen el camino a todos aquellos que no han conocido al Padre ―a todos aquellos que deambulan en la tiniebla del pecado, de la desesperación, del dolor y de la soledad―, y que con su vida les muestren a ellos el Amor  de Dios. ¡Yo estoy con ustedes! Si abren sus corazones los guiaré. Los invito de nuevo: ¡oren por sus pastores! ¡Les agradezco!"
 
Mensaje de Nuestra Señora Reina de la Paz en Medjugorge. 2/11/2011

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Meditación de Encuentra.com

La Cruz es el símbolo y señal del cristiano porque en ella se consumó la Redención del mundo. El Señor empleó la expresión tomar la cruz en diversas ocasiones para indicar cuál había de ser la actitud de sus discípulos ante el dolor y la contradicción (Lucas 14, 27 y 9, 23). Nadie se escapa al dolor; parece como si éste derivara de la misma naturaleza del hombre.

Sin embargo, la fe nos enseña que el sufrimiento penetró en el mundo por el pecado. Dios había preservado al hombre del dolor por un acto de bondad infinita. El pecado de Adán, transmitido a sus descendientes, alteró los planes divinos, y con el pecado entraron en el mundo el dolor y la muerte. Pero el Señor asumió el sufrimiento humano a través de su Pasión y Muerte en la Cruz, y así convirtió los dolores y penas de esta vida en un bien inmenso.

Si nosotros aceptamos con amor el dolor que el Señor permite para nuestra santificación personal y la de toda su Iglesia, el dolor tiene sentido y nos convertimos en sus verdaderos colaboradores en la obra de la salvación.


 El árbol de la Cruz está lleno de frutos: nos ayuda a estar más desprendidos de los bienes de la tierra, de la salud... Las tribulaciones son una gran oportunidad de expiar nuestras faltas y pecados de la vida pasada, y nos mueven a recurrir con más prontitud y constancia a la misericordia divina. Las contrariedades, la enfermedad, el dolor... nos dan ocasión de practicar muchas virtudes (la fe, la fortaleza, la alegría, la humildad, la identificación con la voluntad divina), y nos dan la posibilidad de ganar muchos méritos. Existen épocas en la vida en las que se presenta abundantemente: no dejemos que pase sin que deje bienes copiosos en el alma.


Cuando nos veamos atribulados acudamos a Jesús, en quien encontraremos consuelo y ayuda. En el Corazón misericordioso de Jesús encontramos siempre la paz y el auxilio. Junto al Señor, todo lo podemos; lejos de Él no resistiremos mucho. Con Él, nos sabremos comportar con alegría, incluso con buen humor, en medio de las dificultades, como hicieron los santos. El Señor también nos ayudará a ver las pruebas con más objetividad, a no dar importancia a lo que no la tiene, y a no inventarnos penas por falta de humildad, o por exceso de imaginación.

Acudamos a Nuestra Señora para que Ella nos enseñe a sacar fruto de todas las penas que hayamos de padecer, o que estemos pasando en esos días. 



Fuente : Encuentra.com


DEDICADO A BLANCA...FUERZA PRIMA!!!





martes, 1 de noviembre de 2011

EL TREN DE LA VIDA



En un viaje en tren, a lo largo del trayecto, pueden suceder una gran diversidad de situaciones. Nuestra existencia terrenal puede ser comparada a uno de esos viajes, más o menos largo. Primero, porque está llena de embarques y desembarques, algunos accidentes, sorpresas agradables en algunos embarques, y grandes tristezas en algunas partidas.
Cuando nacemos, entramos en el convoy y nos encontramos con personas que deseamos que sigan siempre con nosotros: nuestros padres. Infelizmente, eso no va a suceder: en alguna estación ellos descenderán y nos dejarán huérfanos de sus cariños, amistad y compañía insustituibles. Mas durante el viaje, otras personas especiales embarcarán y seguirán viaje con nosotros: nuestros hermanos, amigos, amores e hijos.
 El viaje no es igual para todos. Algunos hacen un paseo, otros sólo ven tristezas, y otros todavía circulan por los vagones, para ayudar a quien precise. Muchos descienden y dejan nostalgias eternas... Otros pasan de una forma que, cuando desocupan su asiento, nadie se da cuenta.
 Curioso es constatar que algunos pasajeros que nos resultan complicados, se acomodan en vagones distantes del nuestro, lo cual no impide, está claro, que durante el recorrido nos aproximemos a ellos y los abracemos, aunque jamás podamos seguir juntos, porque habrá alguien a su lado ocupando aquel lugar.
 Pero eso no importa, pues el viaje está lleno de atropellos, sueños, fantasías, esperas, despedidas.
 Lo importante, es que hagamos nuestro viaje de la mejor manera posible, buscando relacionarnos lo mejor posible con los demás pasajeros, viendo en cada uno de ellos lo mejor que tienen.
 Debemos acordarnos siempre que, en algún momento del trayecto, ellos podrán flaquear y tenemos que entenderlos, pues nosotros también flaquearemos muchas veces y queremos que haya alguien que nos entienda.
 La gran diferencia, al final, es que en el tren de la vida, nunca sabemos en qué estación tendremos que descender, y mucho menos en qué estación descenderán nuestros amores, ni siquiera el que está sentado a nuestro lado. Es posible que, cuando tengamos que desembarcar, la añoranza nos venga a hacer compañía. Porque no es fácil separarnos de los amigos, ni dejar que los hijos sigan viaje solos.
 Mientras tanto, en algún lugar, hay una estación principal a la cual vamos todos. Allí nos reencontramos todos. Y cuando llegue esa hora, tendremos grandes emociones al poder abrazar a nuestros amores y matar la añoranza que nos hizo compañía por tanto tiempo...
 Que nuestro breve viaje sea una gran oportunidad de aprender y enseñar, entender y atender a aquéllos que viajan a nuestro lado, porque no fue el azar que los colocó allí...
 Que aprendamos a amar y a servir, comprender y perdonar, pues no sabemos cuánto tiempo aún nos resta hasta la estación donde tendremos que dejar el tren.
 Si tu viaje no transcurre exactamente como esperaba, dale una nueva dirección.
 Admírate de la belleza del camino.
 Busca una manera de dar utilidad a tus horas.
 Preocúpate por aquéllos que siguen viaje a tu lado.
 Deja de lado las quejas y haz que tu trayecto quede marcado con rastros de luz.
 Piensa en eso... Y buen viaje!



Fuente: http://webcatolicodejavier.org/eltrendelavida.html

lunes, 31 de octubre de 2011

“Noche de demonios”

Participar en los festejos de Halloween es riesgoso porque implica un acercamiento al mundo de las tinieblas. Para las sectas satánicas el año termina la noche del 31 de octubre e inicia el 1 de noviembre. Así, la noche que ha sido llamada “Noche de brujas” o “Halloween” tiene en común las reuniones de miembros de numerosas sectas satánicas que practican rituales diabólicos en los que presentan ofrendas a Satanás y a los demonios. En estos rituales, que se acompañan de sangre de animales, a veces se ofrecen también vidas humanas.


En la noche del 31 de octubre y hasta la madrugada del 1 de noviembre, brujos y satanistas convocan a espíritus inmundos (que están en el mundo) y a espíritus malignos mediante canales que saben abrir hacia el infierno (el mundo inferior) para atraerlos a la tierra. Estos demonios esperan con avidez esta noche para infestar casas y todo tipo de lugares, asediar almas, influenciar a personas y abrirse camino para lograr apoderarse de la voluntad humana mediante posesiones diabólicas.
El Príncipe de este mundo, entre sus numerosos disfraces viste el del Halloween, que le ha permitido inocularse entre los niños, a través de sus propios padres y profesores, en sus casas y escuelas, con atractivos dulces y atrayentes disfraces para captar su atención; pero estos festejos, encubiertos con personajes simpáticos como fantasmas y calabazas, nada tienen de inocentes porque contienen poderosos elementos malignos.
La Iglesia, sabedora de este mal encubierto, ha colocado la celebración muy buena de “Todos los santos” el día 1 de noviembre, que inicia con el rezo de Vísperas desde la tarde del 31 de octubre y la celebración de “Los fieles difuntos” al día siguiente, el 2 de noviembre, para celebrar a los muertos que han resucitado y que gozan de la presencia de Dios en la Gloria celestial.
La celebración de los fieles Difuntos es también ocasión propicia para ganar la Indulgencia Plenaria y obtener la remisión de las culpas, para uno mismo y para quienes nos han precedido en el paso por la muerte. Así, la asistencia a la Santa Misa el día 2 de noviembre nos permite una reconciliación plena con Dios y la posibilidad de sacar del Purgatorio a los muertos que todavía se hallan en el intermedio proceso de purificación. Como la Iglesia lo indica, para ganar la Indulgencia son precisas la confesión y comunión sacramental, rezar un Gloria, un Padrenuestro, una Ave María y orar por las intenciones del Papa, además de pedir a Dios el don misericordioso de la Indulgencia para nosotros mismos y para nuestros difuntos.
Reproduzco, enseguida, una oración que Jesús le reveló durante una aparición mística a Santa Gertrudis, una monja cisterciense del monasterio de Helfta en Alemania, a fines del siglo XIII, haciéndole saber que con esta oración se liberaría a mil almas del Purgatorio cada vez que se rezara, y se extendería también la promesa a la conversión y salvación de las almas que todavía peregrinan en la tierra. Se recomienda el rezo diario, pues es incalculable el bien que se puede hacer a las almas si se recita varias veces, y se consigue además la salvación de miles de ellas, dentro y fuera de la Iglesia, y en la propia familia. Se reza con el siguiente texto: “Padre Eterno, te ofrezco la preciosísima Sangre de tu divino Hijo Jesús, junto con las misas que se celebren en todo el mundo hoy, por las santas almas del Purgatorio, por los pecadores en todas partes, por los pecadores en la Iglesia Universal, los de mi propio hogar y dentro de mi familia. Amén”
Como se ve, es recomendable, por bueno y justo, alejarse, en estos días, de lo pagano y malvado y acercarse a lo sagrado y divino, por bien propio y por el bien de los fieles difuntos que tanto esperan y necesitan de nuestros recuerdos y oraciones. Al hacerlo, esa noche satánica perderá su fuerza al no contar con seguidores, en tanto que la noche de Todos los santos será ocasión de mayor cercanía con esos hombres y mujeres de buena voluntad que están con Dios y que interceden por todos los que todavía peregrinamos en esta tierra. Elevemos al Cielo una plegaria por ellos con la certeza de que a su vez ellos intercederán por nosotros ante Dios.

Escrita por Roberto O´Farrill
www.verycreer.com 


Fuente: http://periodismocatolico.com/2011/10/31/noche-de-demonios/

domingo, 30 de octubre de 2011

CANCIONES DE MI TIERRA.




MUSICA ETNICA  GUARANI.  NORMA AVILA. PYNANDI  ALEJO JIMENEZ 

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MUSICA PARAGUAYA.  MAURICIO CARDOZO OCAMPO .  LOS INDIANOS 


sábado, 29 de octubre de 2011

El SI por la Vida


Madre coraje sacrificó su vida para que nazca su hija

Stacie renunció a la quimioterapia con la esperanza de sostener a un bebé sano
en sus brazos.


Stacy Crimm sabía que sólo un agresivo tratamiento de quimioterapia podía salvar su vida, pero decidió proteger a la bebé que llevaba en el vientre y se negó a recibirlo. Dio a luz a su hija Dottie Mae, y pudo sostenerla en sus brazos antes de morir.
        Con 41 años de edad, Stacy estaba convencida de que no podría salir embarazada porque los médicos le dijeron que nunca sería capaz de concebir un hijo. En marzo pasado supo que espera un bebé y poco después le diagnosticaron cáncer de cabeza y cuello.
        Stacie fue capaz de sobrevivir durante cinco meses antes de dar a luz por cesárea a Dottie Mae, quien nació pesando 940 gramos.
        "Esta bebé era todo lo que tenía en el mundo", afirmó su hermano, Ray Phillips, a quien le encomendó la tarea de velar por su hija.
        Pocas semanas después de saber que estaba encinta comenzó a padecer severos dolores de cabeza, visión doble y temblores.
        En julio, una tomografía computarizada reveló que tenía cáncer de cabeza y cuello y tuvo que escoger entre su vida y el de su bebé. Su decisión fue inmediata.
        Stacie renunció a la quimioterapia con la esperanza de sostener a un bebé sano en sus brazos.
        El 16 de agosto de Stacie colapsó en casa de Ryan y fue llevada al hospital donde los médicos le informaron que el tumor comprometía su vida.
        Dos días después, le practicaron una cesárea. Dottie Mae nació pesando menos de un tercio del promedio de un recién nacido. Madre e hija ingresaron a cuidados intensivos.
        Stacie luchó para sobrevivir al parto y resistió por varias semanas. Estaba muy débil para llegar a la bebé, y su bebé estaba muy débil para ser llevada a su madre.
        "Le mostrábamos fotos y ella lloraba por querer tener a su bebé", agrega Ryan.
        El 8 de septiembre, Stacie dejó de respirar pero reaccionó. El personal del hospital advirtió a la familia que estaba muy cerca de la muerte. Una enfermera, conmovida por el drama de esta mujer, organizó una operación desesperada y consiguió una unidad de cuidados intensivos en forma de cápsula para transportar a Dottie Mae hacia su madre.
        Las enfermeras llegaron con Dottie Mae y la pusieron sobre el pecho de su madre. Las dos se miraron a los ojos durante varios minutos.
        Stacie murió tres días después. Su funeral fue el 14 de septiembre. En su obituario escribieron: "Dottie Mae fue la luz de su vida y su mayor logro. Ella optó por dar vida a su bebé en lugar de tomar un tratamiento para ella".
        Dottie Mae ya fue dada de alta y ahora vive con Ray, su esposa Jennifer y sus cuatro hijos en su casa de Oklahoma City
        "Creo que es un milagro. Yo sólo quiero hacer lo que sea correcto para ella y lo que Stacie nos pidió", afirma Jennifer.


Fuente:Fluvium.org

sábado, 22 de octubre de 2011

Una más de la familia

“¡Es una cosa de primera importancia el trabajo en el hogar! Por lo demás, todos los trabajos pueden tener la misma calidad sobrenatural: no hay tareas grandes o pequeñas; todas son grandes, si se hacen por amor. Las que se tienen como tareas grandes se empequeñecen, cuando se pierde el sentido cristiano de la vida. En cambio, hay cosas, aparentemente pequeñas, que pueden ser muy grandes por las consecuencias reales que tienen”. San Josemaría.

         Llevo años buscando una oportunidad para agradecer públicamente el trabajo profesional de las empleadas de hogar. Y hoy, días después de que mi gran colaboradora, mi gran aliada, y mi gran amiga, nos haya dejado para ir a descansar al cielo, considero un deber de justicia y gratitud reconocer el valor que tiene esta profesión del trabajo doméstico. Ella está en el cielo y Dios con ella. Ha servido a los demás hasta la última gota de su vida, exprimida como un limón, atenta siempre a quienes más la necesitaban, con lealtad y alegría, sin guardarse nada para sí misma.

         Estoy convencida de que el Señor al verla llegar le susurró al oído con una gran sonrisa: "Está bien, sierva buena y fiel, puesto que has sido fiel en lo poco , te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor".

         Es verdad que el trabajo en el hogar esta poco reconocido y valorado socialmente. Pero es “un oficio —solía decir San Josemaría— de trascendencia muy particular, porque se puede hacer con él mucho bien o mucho mal en la entraña misma de las familias”. Es más, añadía: “A través de esa profesión —porque lo es, verdadera y noble— influyen positivamente no sólo en la familia, sino en multitud de amigos y de conocidos, en personas con las que de un modo u otro se relacionan, cumpliendo una tarea mucho más extensa a veces que la de otros profesionales”.

         Decía Juan Pablo II a cinco mil empleadas de hogar el 29 de abril de 1979: “Vuestro trabajo de colaboradoras familiares: ¡No es una humillación vuestra tarea, sino una consagración!” Y añadía: “Efectivamente, vosotras colaboráis directamente a la buena marcha de la familia; y ésta es una gran tarea, se diría casi una misión, para la que son necesarias una preparación y una madurez adecuadas, para ser competentes en las diversas actividades domésticas, para racionalizar el trabajo y conocer la psicología familiar, para aprender la llamada “pedagogía del esfuerzo”, que hace organizar mejor los propios servicios, y también para ejercitar la necesaria función educadora. Es todo un mundo importantísimo y precioso que se abre cada día a vuestros ojos y a vuestras responsabilidades”.

         Y tengo que reconocer que debido a mi situación personal, familiar y profesional, unas temporadas más otras menos, siempre las he necesitado a mi lado como pieza fundamental para mover el engranaje con el que la casa y todos los que vivimos en ella funcionamos a la perfección.

         No solo porque con su ayuda en el orden, limpieza y organización de mi hogar han contribuido a crear un ambiente acogedor y agradable fundamental para la convivencia; ni porque —gracias a Dios—, he podido contar con su ayuda y su apoyo necesario, indispensable e impagable en todas y cada una de las tareas que conllevan el cuidado y educación de mis hijos.

         Más bien, porque gracias a ellas, durante años, he podido dedicar parte de mi tiempo a lo que más me gusta en el mundo: mi familia, mis amigos y mi trabajo. Y esto, que no es poco, les hace merecedoras del titulo: “una más de la familia”.

        ¡Por eso, hoy —como decía Juan Pablo II con el que me identifico—, va mi aplauso a todas las mujeres comprometidas en la actividad doméstica y a vosotras, colaboradoras familiares, que aportáis vuestro ingenio y vuestra fatiga para el bien de la casa!”






Remedios Falaguera
Diplomada en Magisterio por Edetania (Valencia) y en Periodismo por la Universidad Internacional de Cataluña (UIC).
fluvium.org
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