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"El Señor no mira tanto la grandeza de las obras como el amor con que se hacen." Santa Teresa de Ávila
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jueves, 18 de julio de 2013

Acepta a tus amigos como ellos son


Acéptalos como son...
Está agradecido por lo que tienes,
no molesto por lo que los amigos no pueden dar.
Acepta las imperfecciones de cada uno y la individualidad
y no te sientas amenazado si las opiniones
y los gustos de ellos difieren a veces de los tuyos.

Date tu lugar...

Tenemos derecho a nuestros sentimientos y pensamientos privados.
Los amigos que tratan de invadir el espacio interior de los demás,
corren el riesgo de destruir la relación. 

Estáte listo para dar y recibir...

Está siempre pronto para prestar ayuda y también para pedirla,
pero no te excedas en tus exigencias, ni permitas que se abusen. 

Da consejos constructivos...

Cuando un amigo necesita hablar, escucha sin interrumpir.
Si te piden un consejo, que sea positivo y al mismo tiempo un apoyo.

Se leal...

Lealtad es fidelidad... Significa "estar con" tu amigo,
tanto en las malas como en las buenas.
Significa honrar la confianza,
significa no desacreditar a un amigo en su ausencia,

ni permitir que otros lo hagan.

Alaba y alienta...

Di a tus amigos lo que te gusta acerca de ellos,
lo agradecido que estás de la presencia de ellos en tu vida.
Deléitate con los dones que tienen y aplaude sus éxitos.

Se honesto...

La comunicación abierta es esencial en la amistad.
Expresa tus sentimientos, buenos y malos,

en lugar de embotellar tu cólera o tus ansiedades.
Aclarar el ambiente ayuda al desarrollo de la amistad,
pero recuerda que hay cosas que es mejor no decir.

Trata a los amigos como iguales...

En la verdadera amistad, no hay número uno,
no hay lugar para alardear de inteligente o de los éxitos obtenidos,
ni para la envidia, ni para sentirse superior o inferior.

Confía en tus amigos...

Vivimos en un mundo desordenado e imperfecto,
compuesto de gente imperfecta.
La confianza puede ser traicionada,
pero es esencial para la amistad.
Haz el esfuerzo de creer en la bondad intrínseca de tus amigos.


Y recuerda que el mejor amigo,
el que siempre estará a nuestro lado,
el que nunca nos dejará, ni nos defraudará,

es JESÚS.

celebrandolavida.org

jueves, 11 de julio de 2013

Aprender a equivocarse

No hay una vida sin problemas, pero lo que hay en todo hombre es capacidad para superarlos



Una de las virtudes-defecto más cuestionables es el perfeccionismo. Virtud, porque evidentemente, lo es el tender a hacer todas las cosas perfectas. Y es un defecto porque no suele contar con la realidad: que lo perfecto no existe en este mundo, que los fracasos son parte de toda la vida, que todo el que se mueve se equivoca alguna vez.

He conocido en mi vida muchos perfeccionistas. Son, desde luego, gente estupenda. Creen en el trabajo bien hecho, se entregan apasionadamente a hacer bien las cosas e incluso llegan a hacer magníficamente la mayor parte de las tareas que emprenden.

Pero son también gente un poco neurótica. Viven tensos. Se vuelven cruelmente exigentes con quienes no son como ellos. Y sufren espectacularmente cuando llega la realidad con la rebaja y ven que muchas de sus obras -a pesar de todo su interés- se quedan a mitad de camino.

Por eso me parece que una de las primeras cosas que deberían enseñarnos de niños es a equivocarnos. El error, el fallo, es parte inevitable de la condición humana. Hagamos lo que hagamos habrá siempre un coeficiente de error en nuestras obras. No se puede ser sublime a todas horas. El genio más genial pone un borrón y hasta el buen Homero dormita de vez en cuando.

Así es como, según decía Maxwel Brand. "todo niño debería crecer con convicción de que no es una tragedia ni una catástrofe cometer un error". Por eso en las persona siempre me ha interesado más el saber cómo se reponen de los fallos que el número de fallos que cometen.

Ya que el arte más difícil no es el de no caerse nunca, sino el de saber levantarse y seguir el camino emprendido.

Temo por eso la educación perfeccionista. Los niños educados para arcángeles se pegan luego unos topetazos que les dejan hundidos por largo tiempo. Y un no pequeño porcentaje de amargados de este mundo surge del clan de los educados para la perfección.

Los pedagogos dicen que por eso es preferible permitir a un niño que rompa alguna vez un plato y enseñarle luego a recoger los pedazos, porque "es mejor un plato roto que un niño roto".

Es cierto. No existen hombres que nunca hayan roto un plato. No ha nacido el genio que nunca fracase en algo. Lo que sí existe es gente que sabe sacar fuerzas de sus errores y otra gente que de sus errores sólo saca amargura y pesimismo. Y sería estupendo educar a los jóvenes en la idea de que no hay una vida sin problemas, pero lo que hay en todo hombre es capacidad para superarlos.

No vale, realmente, la pena llorar por un plato roto. Se compra otro y ya está. Lo grave es cuando por un afán de perfección imposible se rompe un corazón. Porque de esto no hay repuesto en los mercados.


Autor: José Luis Martín Descalzo 

http://www.es.catholic.net/temacontrovertido/174/1634/articulo.php?id=30896

miércoles, 10 de julio de 2013

¡QUE BELLO ES VIVIR!



Vivir, es gozar los momentos bellos y desafiarse a sí mismo ante las adversidades.

Vivir, es aprender más cada día, es evolucionar y cambiar para hacer de nosotros un ser mejor que ayer,  un ser que justifica su existir.


Vivir, es amar intensamente a través de una caricia, es escuchar en silencio la palabra del ser amado, es perdonar sin replica una ofensa,  es aspirar la presencia del otro, es besar con pasión a quien nos ama.


Vivir, es contemplar apaciblemente la alegría de un niño, escuchar al adolescente aceptando sus inquietudes sin protestar, acompañar con gratitud la ancianidad en su soledad.


Vivir es comprender al amigo ante la adversidad y aunque se tengan mil argumentos para contradecirlo o justificarlo, finalmente solo escucharlo, es tener la capacidad de regocijarse ante sus triunfos y realizaciones.


Vivir es sentir que nuestro existir  no fue en vano y en la medida en que nos atrevemos a dar lo mejor de nosotros en cada momento, logremos manifestar la grandeza de nuestra alma para amar.


Vivir es vibrar y sentir es amar y gozar, es observar y superar, es dar y aceptar, es comprender que nuestro tiempo es lo único que poseemos para realizar plenamente nuestro ser.

lunes, 8 de julio de 2013

LOS OBSTÁCULOS



El problema no está, en si la vida es fácil o difícil, sino en cómo reaccionamos ante los obstáculos. Si un día se te cierra una puerta, la solución no es romperte la cabeza dando contra ella, sino preguntarte si no habrá, al lado de ella o en la misma dirección, alguna otra puerta por la que puedas pasar. 

En la vida tienes que aceptar a veces salidas de emergencia, aunque te obliguen a dar un pequeño rodeo. Procura, al mismo tiempo, tener siempre encendidas tres o cuatro ilusiones; así, si te apaga una, aún tendrás otras de las que seguir viviendo. 
 
Distingue siempre entre tus ideales y las formas de realizarlo. Aquellos son intocables, éstas no. Si alguien pone obstáculos a tu ideal, pregúntate si se opone de veras a tu ideal o a la forma en que estás realizándolo. Y no veas problema en cambiar de forma de buscarlo, siempre en cuanto sigas buscando el mismo ideal. 
 
Aprende en la vida a ser persistente y tenaz, pero no confundas la tenacidad con la cabeza dura. No cedas ni en tus ideas ni en tus convicciones, pero no olvides que una verdad puede decirse de mil maneras y que no siempre vale la pena sufrir por ciertos modos de expresión. 
 
Y cuando llegue una ola que sea más fuerte que tú, agáchate, déjala pasar, espera... y luego, sigue nadando. Intenta convertirte en lo mejor que puedes ser. Muchos tienen miedo de lograr su potencial porque temen encontrarse con una puerta cerrada. Esto no es una actitud correcta. Debes desarrollarte a ti mismo lo mejor posible.  Aún la persona más pequeña tiene el potencial más grande si utiliza todo lo que está dentro de ella.


 Autor Desconocido 






domingo, 16 de junio de 2013

SUBLIME IMPROVISACIÓN




El 18 de Noviembre de 1995, el violinista Itzhak Perlman, subió al escenario para dar un concierto en el salón Avery Fisher del "Lincoln Center" en la ciudad de Nueva York. Si usted alguna vez ha estado en un concierto de Perlman, sabrá que subir al escenario no es nada fácil para él.

Padeció la enfermedad de polio cuando era niño, tiene abrazaderas en ambas piernas y camina con la ayuda de unas muletas. Verlo caminar sobre el escenario de un lado al otro, paso a paso, lenta y penosamente, es una escena impresionante. Él camina penosamente pero de forma majestuosa hasta que alcanza su silla. 
Después se sienta y lentamente pone las muletas sobre el suelo, abre los broches de las abrazaderas en sus piernas, recoge un pie y extiende el otro hacia adelante. Después se inclina y recoge el violín, lo pone bajo su barbilla, hace seña al Director y procede a tocar.

Hasta ahora, la audiencia ya estaba acostumbrada a este ritual.
Permanecían silenciosamente sentados mientras él caminaba por el escenario hasta su silla. Permanecían respetuosamente en silencio hasta que él estuviera listo para tocar; pero esta vez, algo ocurrió. Justo cuando él terminaba de tocar sus primeras notas, una cuerda de su violín se rompió. Se pudo escuchar el ruído en toda la sala.
Salió disparada como una bala. No había duda de lo que ese sonido significaba. No había duda de lo que él tendría que hacer.

Los que estaban ahí esa noche tal vez pensaron: "Para esta, él va a tener que ponerse de pie, abrocharse las abrazaderas, recoger las muletas, y salirse del escenario para encontrar otro violín u otra cuerda."

Pero no fue así. En su lugar, el esperó un momento, cerró sus ojos y después hizo seña al Director para empezar a tocar. La orquesta empezó y él tocó desde donde había parado. El tocó con tanta pasión, con tanto poder y con una claridad que nunca antes nadie había escuchado.

Claro, cualquiera sabe que es imposible tocar una obra sinfónica con sólo tres cuerdas. Lo sé yo y lo sabe usted, pero esa noche Itzhak Perlman rehusó a saberlo. Uno podía observar como modulaba, cambiaba y recomponía esa pieza en su cabeza. Sonaba como si él estuviera redescubriendo la mejor combinación de sólo tres cuerdas, dando la impresión de que no faltaba ninguna.

Cuando él terminó, se hizo un silencio impresionante en el salón. Después, la gente se levantó y lo aclamó. Había una explosión de aplausos desde cada rincón del auditorio. Todos estábamos de pie, gritando y aclamando, haciendo todo lo posible para mostrar cuánto apreciábamos lo que él había conseguido.

Él sonrió, se secó el sudor de sus cejas, alzó su arco para callarnos, y después dijo, no presumidamente, pero en un tono tranquilo, pensativo, y reverente:

"¿Saben ustedes que algunas veces la tarea del artista es la de averiguar cuanta música podemos producir con lo que nos queda.?"

¡Qué frase tan poderosa!. Se ha quedado en mi mente desde que la oí. ¿Y quien sabe? Tal vez esa sea la definición de la vida, no sólo para los artistas sino para todos nosotros. He aquí un hombre que se ha preparado durante toda su vida para producir música con un violín de cuatro cuerdas. Sin embargo, se encuentra un buen día de repente en medio de un concierto con sólo tres cuerdas; y entonces produce música con tres cuerdas, y la música que él produjo esa noche era más bonita y más memorable que cualquier otra que él haya producido con cuatro cuerdas.

Entonces, tal vez nuestra tarea en este mundo inestable, cambiante, y perplejo en el que vivimos es la de producir música, primero con lo que tenemos, y después, cuando esto ya no sea posible, producir música con lo que nos queda. 


Esperanza y vida

  

Todo anciano es abuelo, padre, o solitario buscador de nuevos cielos. Todo anciano se pone en el camino de la vida como quien ya lleva por detrás más de lo que queda por delante. Y, sin embargo, todavía hay un "delante" que lo guía. Camina, espera, vive.

        El anciano es compañero de jornada. Todo hombre y toda mujer que quieran aprender los secretos de la vida no pueden dejar de remover, entre los pliegues de su memoria, un consejo o una experiencia que pueda dar luz a los problemas de siempre, pero ahora afrontados como nuevos por quien todavía no sabe qué son las arrugas en la frente...

        El joven, quizá, es el que más necesita acompasar sus pasos con el de un anciano teñido con el blanco de la vida. El joven tiende a creer que todo es nuevo, que se puede triunfar con poco, que lo difícil se puede superar rápidamente, que el dinero abre las puertas y cierra los agujeros.

        El anciano sonríe y recuerda, y reconoce lo que vale eternamente: el amor, la amistad, la entrega, el sacrificio por una causa noble. El dinero no lo es todo, como tampoco se triunfa con la fuerza, la belleza o con un gran número de amigos influyentes. La pasión del joven puede desbocarse hasta romper los diques de las normas sociales y de la prudencia. La sensatez del anciano puede ofrecer una palabra de aliento precisamente cuando los primeros golpes de la vida llevan al desengaño y a la desesperación.

        El adulto también necesita mirar a quien ocupaba el anterior puesto de trabajo. En el sucederse de las primaveras, los que se encuentran entre los 40 y los 60 años perciben más los dolores de la vida y el peso de las derrotas, y pueden perder la frescura y el arrojo de la juventud. Es entonces cuando la voz pausada de los mayores puede abrir horizontes y mostrar caminos que quedan por recorrer, fronteras que hay que conquistar, luchas que hay que afrontar, fracasos que hay que superar...

        Y el anciano también necesita del anciano... Si los griegos definían a los amigos como "dos marchando juntos", esta definición vale también para quien ya ha recorrido un largo trecho, pero quiere seguir el camino con el bálsamo de la compañía de quienes nos aman. Un anciano tiene mucho tiempo libre, y necesita de alguien que también goce de esa gran disponibilidad de acción para hablar y, ¿por qué no?, también para actuar y realizar nuevos proyectos.
        El mundo no puede dejar de avanzar sin poner bien las bases sobre las que cada generación conquista nuevas metas.

        Una generación no puede progresar sin aferrarse a lo mejor que otros nos han legado. La globalización (palabra mágica que muchos usan y que no todos comprenden) no puede ser perfecta si no es una "globalización de las edades", que permita a jóvenes, adultos y ancianos compartir amores, planes y trabajos.

        Dicen que mientras hay vida hay esperanza. También se dice que mientras hay esperanza hay vida.


        Podemos dar esperanza a nuestros abuelos y padres ya ancianos con nuestra vida llena de amor y de alegría. Y ellos nos darán, discretamente, vida con su esperanza y su alegría realizada en nuestros actos.


martes, 11 de junio de 2013

UN TROPIEZO


El Chaco ardía en el algodonal. Mediaba enero, y Ciriaco se había levantado muy temprano a fin de aprovechar el fresco de la mañana para pegar la última carpida al tabloncito de algodón que tenía en un claro del monte, como a siete cuadras de las casa. Comenzaban ya a preñarse los capullos tratando de reventar en una mano abierta que regalaba la blanca fibra.

Serían cerca de las once de la mañana. Estaba con la azada en la mano desde las cinco, y ahora el cansancio se desparramaba por su cuerpo lo mismo que el sudor que lo deshidrataba dejándole huellitas de sal al secarse. Tenía sed y esperaba llegar cuando antes a su rancho para refrescarse bajo el chorro de agua de la bomba y beber después despacio y a sorbos lentos. Conocía los peligros del agua fresca para el que la bebe con ansia y con el cuerpo recalentado por las faenas del campo.

Decidió acortar el camino. En lugar de hacerlo por la huella que bordeaba un rastrojo viejo lleno de malezas, lo cortó derecho por entre los yuyos altos y la gramilla espesa. Con la azada al hombro, y arrastrando a medias sus viejas alpargatas, trataba de avanzar por entre el malezal donde el año anterior había tenido la chacra. Iba distraído de lo que hacía y concentrado en lo que le esperaba. Ni tiempo tuvo de darse cuenta, cuando sus pies tropezaron en un gran bulto que estaba escondido entre el pastizal.


No hubo manera de evitar la costalada. Instintivamente arrojó a un lado la azada, para no lastimarse con ella, y dejó que el cuerpo cayera lo más flojo posible, para evitar quebraduras. Se dio un tremendo golpe que apenas si lograron mitigar las ramas del yuyo colorado que lo recibió, junto con algunas rosetas traicioneras. Desde adentro le nació la necesidad de desahogarse con una maldición. ¡Lo que le faltaba al día!


Pero se contuvo. Si había tropezado, con algo sería. ¿Y si aquello fuera una sandía? Se puso de pie, y recogiendo la azada, fue despejando el lugar donde terminaban las huellas de sus pisadas y comenzaba la de su cuerpo. Y efectivamente, allí entre la gramilla alta y los yuyos frondosos, estaba una hermosa sandía con la guía medio seca. Pesaba como veinte kilos. Seguramente alguna semilla de la cosecha anterior había germinado entre el rastrojo, y ahora le ofrecía su fruto de la única manera que tenía: poniéndoselo delante de sus pies.


A pesar del cansancio, del calor, y de su cuerpo dolorido por la caída, cargó con cariño la sandía sobre sus hombros y con cuidado completó la distancia que lo separaba de su rancho. Y mientras de antemano saboreaba la sorpresa que le daría a su patrona, se iba diciendo a sí mismo:


-    ¡No hay tropiezo que no tenga su parte aprovechable!


Anthony de Mello S.J. cuenta en la página 205 de su libro El Canto del Pájaro:  "Desde lo alto de un cocotero, un mono arrojó un coco sobre la cabeza de un sabio. El hombre lo recogió, bebió su dulce jugo, comió la pulpa y se hizo una taza con la cáscara. 


Mamerto Menapace   
Monje y Escritor Argentino


lunes, 10 de junio de 2013

Poderosa Ministra de Trabajo de Alemania.



Madre de 7 hijos y defensora de los valores cristianos: así es la ministra que revoluciona Europa


Está revolucionando la política alemana. Hace sombra a la poderosa Angela Merkel y hasta su nombre ha sonado para presidenta del país o futura canciller. Es el caso Úrsula Von der Leyen, una política atípica que está rompiendo moldes en Europa. Precisamente ahora es ministra de Trabajo y Asuntos Sociales en Alemania y en España es conocida por haber venido a ofrecer empleo a 5.000 jóvenes españoles.

        Esta alemana de 55 años es algo más que política. Los alemanes la llaman “la madre de la nación” pues tiene siete hijos. Durante sus años en la política se ha empeñado en demostrar la grandeza de los hijos, las enormes ventajas de los niños en la sociedad y ha luchado por abrir camino a las familias que quieren tener hijos en una Europa con una histórica crisis demográfica.

La importancia de rezar con sus hijos
        Von der Leyen es además una mujer de fuertes convicciones religiosas. Es cristiana y practicante. Cuenta orgullosa lo importante que es desayunar todos los días con sus hijos y rezar con ellos antes de acudir a sus obligaciones en el Ministerio. Del mismo modo hace lo mismo por las noches antes de que sus hijos vayan a dormir.



        Es una de las principales valedoras en recuperar y poner en valor en Europa los valores cristianos que han forjado el continente siglos atrás. La familia juega aquí un papel esencial. Lo sabe. Y no le importa liderar esta revolución familiar. No es de extrañar, por tanto, que las feministas radicales la tengan en su punto de mira y esté siempre en la diana de sus críticas e insultos. “¡Esa mujer!”. Así se refieren a ella con desdén las feministas. Sin embargo, ella les replica que Alemania y Europa irían mejor con más mujeres como ella, es decir, madres.

Luchadora por la familia
        Desde 2009 es ministra de Trabajo pero su incansable lucha por la familia viene de atrás pues previamente, de 2005 a 2009, fue ministra de Familia, Mujer y Juventud. Desde ese puesto legisló a favor de este colectivo y ayudó a que las familias puedan conciliar mejor el cuidado de los hijos y el trabajo. Algo básico hoy en día.

        Úrsula ha mostrado también al mundo la falacia de que no se puede ser madre y progresar profesionalmente, sin tener que por ello renunciar a tener familia. Estudió Económicas y más tarde se doctoró en Medicina llegando a dedicarse a la investigación. Más tarde se trasladó a EEUU debido a compromisos laborales de su marido. Allí se dedicó a cuidar de sus hijos y a la investigación y vio la importancia de ayudar a la familia. A partir de ahí entró en la CDU alemana y comenzó su meteórica carrera política.

Su carrera contracorriente
        Al llegar al Gobierno de Merkel fue consciente de que sus cinco compañeras del Ejecutivo, incluida Merkel, habían renunciado a la maternidad para dedicarse a la política. Ella era el bicho raro y lamenta que en su país “tener siete hijos esté mal visto, se considera casi una provocación”.

        Como ministra de Familia preparó una mini-revolución que fue hasta mal vista por su propio partido aunque ella siguió adelante. Propuso guarderías gratuitas y ayudas a los padres para el cuidado de sus hijos así como el permiso para que los padres pudiesen quedarse en casa cuidando de los niños. Pese a las críticas ella hablaba de sus experiencias familiares y cómo había podido conciliar trabajo y familia. “Me han llegado a preguntar si quiero encerrar a los padres a latigazos y eso demuestra el desprecio hacia todo lo que tenga que ver con el cuidado de los niños”.

La familia, cuna de valores
        En una entrevista en ABC cuando aún era ministra de Familia, Von der Leyen aseguraba que “no soy una superwoman, donde estoy es el resultado de un largo camino de altibajos y decisiones con mi marido, y también de algunos errores”.

        “La familia recobra su importancia, no sólo como factor de equilibrio, sino como herramienta para transmitir directamente unos valores, una interioridad y una trascendencia. Además, comprobamos que sin niños un país no puede seguir existiendo, por razones económicas y también emocionales”, afirmaba.

        “Los niños no significan pobreza”
En este sentido, agregaba que “estamos en una situación muy crítica, sobre todo psicológicamente. Hay que volver a hablar del pan que los niños traen bajo el brazo: se llama alegría, fuerza creadora, seguridad futura…que los niños no significan pobreza, sino perspectiva”.

        Del mismo modo, Úrsula Von der Leyen afirma que hay que recuperar los valores de siempre, no existen los nuevos. “La familia, la responsabilidad por el otro, valores cristianos que deben ser traducidos a otros tiempos. La familia no puede pervivir mirando a lo que fue, su economía y la de todos es ya global y la mujer es hoy muy importante. Pero siguen importando que haya niños en las calles, la solidaridad generacional, la buena educación, la subsidiaridad, y hay que preguntarse cómo mantenerlas en un mundo moderno”.



“Tener cuatro hijos es dirigir una pyme”
        En su opinión, la familia “recupera importancia frente a la globalización. La familia es donde se aprende la responsabilidad entre hijos y padres, los valores que queremos para mañana. La educación hoy es transfronteriza, pero igual necesita límites, pues de mayor uno encontrará reglas. Los niños siguen necesitando tiempo, y ejemplo: y deben conocer valor del esfuerzo para el éxito”.

        A pesar de ello ve cambios en el mundo actual. Hay ya empresas que prefieren a personal con familia que a solteros. La ministra responde que es algo normal pues “son las cabezas más flexibles, rápidas y maduras emocionalmente. Piense que tener cuatro hijos es ya dirigir una pyme”.

        Igualmente, cuenta su experiencia personal en Estados Unidos cuando se trasladó allí con su marido. “Cuando me presentaba a trabajos en EEUU siempre me preguntaban qué hacía además del trabajo, si criaba niños o colaboraba con alguna asociación. ¡Me han dado puestos por tener hijos…En Europa me los darían por no tenerlos!”.

Javier Lozano

jueves, 6 de junio de 2013

¡DOCTOR NO, SEÑOR!

 
Un aplauso muy sonoro y prolongado merecen los psicólogos colombianos. Porque han determinado que a ninguno de ellos se lo llame «doctor», sino, sencillamente, lo que son: Psicólogos. ¡Qué buena decisión! El ejemplo amerita que sea seguido al pie de la letra por otras tantas agremiaciones de profesionales que existen en el país; y también, individualmente, por todos los demás colombianos. Es una determinación que decanta lo banal y se circunscribe a la sencillez; así debería proceder el ser humano en todo. No son los títulos, que parecieran concitar «engrandecimiento» y vanagloria, los que hacen importante o valiosa a una persona; al revés, son sus muestras de sencillez profunda. 

Este ejemplo de los psicólogos cae muy bien en nuestro país, donde se le rinde pleitesía a la «doctoritis» de forma tan ilimitada que «a cualquiera le dicen doctor». Aquí, a todo aquel que se atreva a pisar los predios de una universidad lo llaman «doctor»; aunque, a veces, sus conocimientos y su conducta dejen mucho que desear. Esa arrogancia que muchos transpiran, hasta el colmo de auto llamarse doctores cuando hablan delante de otras personas, no produce los efectos que ellos creen; al contrario, generan un concepto de personas prevalidas de engreimiento y petulancia, con auto animación por el egocentrismo. ¡Abundan quienes se vuelven empalagosos y antipáticos! 

Recuerdo el día en que una contadora pública, a la que yo visitaba, con aire insuflado de vanidad excesiva contestó al teléfono de su oficina en ausencia de la secretaria. «Buenas tardes, habla la doctora fulana», dijo, sin grisma de rubicundez. Mientras le proporcionó una información a quien llamaba, la consideré prepotente al extremo; y me dediqué a pensar en eso que los psicólogos han decidido: eliminar la palabrita doctor del lenguaje de todos los profesionales universitarios, para que aterricen; para que caigan en la cuenta que es la humildad la que genera aplausos, al lado de demostraciones preclaras de sus capacidades para ejecutar aquellas tareas de las que tanto se ufanan muchos y que, a veces, dejan sospechas de cómo sería que alcanzaron la cartulina de la universidad por la que se dicen «doctores». Porque abundan esos especímenes: proclaman la «doctoritis aguda» por doquier, pero sus talentos y capacidades clasifican para la sección «en espera».

A la plausible iniciativa de los psicólogos colombianos deberían unirse los congresistas, diputados y concejales. Ellos, que tanto desprestigio han cultivado a su alrededor por las oscuras maniobras que todos conocemos, deberían llamarse, sencillamente, señores; y demostrar que lo son, o por lo menos que dejen un indicio de que están trabajando para serlo. Porque el título de «honorables» que ellos se autorregalan para aumentar el aire de agrandamiento (« ¿Usted no sabe quién soy yo?») Con que se pavonean de un lado a otro, no tiene ni razón de ser ni un tris de verosimilitud. ¡La honorabilidad está lejos de su entorno!

El más dignificante título que un hombre puede exhibir y llevar con decoro a diario es el de señor. Cuesta mucho conseguirlo. No se trata de confirmar por fuera que se es de sexo masculino, como se cree. Eso es vano. Señor es el resultado de todo un proceso de formación humana; un conjunto de virtudes y actitudes tales que no dejen traslucir comportamientos zafios y detestables. Y, claro, para que las damas no se sientan discriminadas o excluidas también a ellas les cabe el título de señoras. ¡Aunque no todas sepan llevarlo con gallardía! 

En México y Venezuela a los profesionales universitarios se los llama licenciados. Y punto. Nada de engreimientos. Y eso no les resta importancia a sus profesiones, ¡ni nadie cae en desgracia porque no le digan doctor! Qué bueno fuese que a los psicólogos colombianos, que eliminaron el vocablo doctor de su entorno, los emularan también abogados, contadores públicos, sociólogos, trabajadores sociales, economistas, administradores de empresas, arquitectos, ingenieros y demás. Podría ser un principio para retomar el camino que conduce a ser humanos, ¡simplemente humanos!

En la época en que el abogado Roberto Cadena Arenas fue alcalde de Bucaramanga, él hacía que yo sintiera más aprecio por mi actividad profesional, pues tenía la sana costumbre de saludar mentando, precisamente, la profesión del saludado: « ¡Hola, periodista!», decía con gran entusiasmo y sin una pisca de ironía. Era un sincero saludo para la humilde condición laboral del ser. Dejemos el vocablo doctor solamente para así llamar a quien ha recibido el “último y preeminente grado académico que confiere una universidad u otro establecimiento autorizado para ello”, como lo define el diccionario. Porque, recordemos, esa palabra se les endilga muchas veces a ciertas personas ¡para insultarlas!

JAIRO CALA OTERO
Periodista autónomo
Talleres de escritura - Corrección de textos
315 401 0290 - (7) 696 2304

Bucaramanga - Colombia

lunes, 3 de junio de 2013

¿Cómo se mide tú valor?

No se mide según con quién sales, ni por el número de personas con quienes has salido.
 
No se mide por la fama de tu familia, por el dinero que tienes, por la marca de coche que manejas, ni por el lugar donde estudias o trabajas.
 
No se mide ni por lo guapo ni por lo feo que eres, por la marca de ropa que llevas,ni por los zapatos, ni por el tipo de música que te gusta. Tú valor, simplemente, es…Otra cosa
 
Tú valor:
Se mide por el sabor de boca que dejas a los demás con tu presencia y con tus comentarios.
Se mide según a quién amas y según a quién dañas. Se mide según la felicidad o la tristeza
que proporcionas a otros. Se mide por los compromisos que cumples y las confianzas que traicionas.
 
Se trata de lo que se dice y lo que se hace… y si esto es dañino o benéfico.
Se trata de a quién no  le haces caso o ignoras intencionalmente.
 
Se trata de los juicios que formulas, y a quién o contra quién los comentas. Se trata del amor, el respeto o el resentimiento que llevas dentro de ti, y de cómo lo cultivas .
 
El no hacer demasiado alarde de lo bueno que hagamos , cuando uno sabe su valor, a veces no es necesario decir nada.  Ni firmar todo lo que hacemos para que todos vean,
mira yo lo hice, mira yo lo escribí… Basta con que Dios lo sepa.
 
Tú valor se mide, por la capacidad que tengas de ser compasivo y comprensivo con los demás.
Por la capacidad que tengas de ver más allá de las apariencias, de valorar a las personas
no por su aspecto o status. De ser sencillo a pesar de tener todos los medios para poder ser altivo.
 
De dar un buen trato a todas las personas, aún a las más humildes… que son las que más necesitan de una muestra de interés, cariño o humanidad de los que estamos en otro nivel económico. La vida será contigo tan justa como lo eres con los demás.
 
Esto, es lo que le da un verdadero valor a tú persona, esto se llama tener una verdadera
“calidad humana”.
 
¡Que tengas un hermoso día!

celebrandolavida.org


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