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"El Señor no mira tanto la grandeza de las obras como el amor con que se hacen." Santa Teresa de Ávila
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lunes, 12 de agosto de 2013

No me lloren…

“Cuando mueras, no busques tu refugio en la tierra que te cubre,
Busca tu refugio en el corazón de los seres Humanos”


QEPD Tia Chichita


No me lloren… sean fuertes como lo fui yo, fuerte en la hora suprema de la despedida. No tengan dolor porque me adelanté en el camino, yo no he muerto estoy separada corporalmente, pero vivo en el reino de la luz y los miro constantemente. Estoy en sus penas y alegrías, en sus triunfos o derrotas, pues como ayer en la tierra, hoy velo desde el cielo por ustedes. Persistan en la fe y la caridad cristiana como aquellos días felices en que estábamos todos reunidos en nuestro hogar.


Oración por un ser querido Difunto


Dios mío, te has llevado la persona que más amaba en este mundo; pero tú lo has querido así, cúmplase en todo tu santísima voluntad.
El gran consuelo que me queda es la esperanza de que tú la hayas recibido en el seno de tu misericordia, y que te dignarás algún día unirme con él (ella).
Si la entera satisfacción de sus pecados lo(la) detienen aún en las penas sin que haya ido todavía a reunirse contigo, yo te ofrezco por él (ella) todas mis oraciones y buenas obras, principalmente mi resignación ante esta pérdida; haz, Señor, que esta resignación sea entera y digna de ti.

Amén. 

domingo, 11 de agosto de 2013

La madre es quien mejor sabe la verdad



Una mujer embarazada es quizá la primera en darse cuenta de que lo que lleva en su seno es un nuevo ser humano, distinto de todos los que han existido, existen y existirán.
        Y sabe bien que todo intento de distinguir la condición humana según si ha nacido todavía o no, o según los meses que lleva de gestación, carece de fundamento.
        Sabe que entre un feto en la primera semana de gestación –o en la última, es lo mismo–, y un recién nacido, no hay más diferencia que un poco de tiempo y la necesaria nutrición.
        Sabe que el aborto no es una simple interrupción del embarazo, como se dice evasivamente, quizá para intentar disfrazar con un eufemismo su innegable atrocidad.
        Sabe bien que abortar significa atentar contra un ser indefenso que, además, es su propio hijo.
        Cualquier persona que haya trabajado siquiera unos meses en un gabinete psicológico puede dar fe de hasta qué punto una mujer se siente aturdida, angustiada y desamparada después de un aborto; hasta qué punto quedan desoladas al darse cuenta –cosa que sucede bien pronto– de que han arrebatado una vida humana y no saben qué hacer para remediarlo.
        El sentimiento de culpa por haber abortado es quizá uno de los dolores más severos que una persona puede experimentar.
        El aborto no solo aniquila una vida humana no nacida, sino que también arruina psicológicamente a muchas mujeres.
        Un extenso estudio realizado en la Clínica Ginecológica de Würzburg (Alemania) por la Doctora Maria Simon, concluía que algo más de un 35% de las mujeres que han abortado sufren después fuertes oscilaciones de ánimo y estados depresivos; en torno a un 30% padecen sentimientos de miedo, sin saber bien a qué se deben; un 37% lloran con frecuencia sin apenas motivo aparente; aproximadamente el 45% darían marcha atrás si pudieran hacerlo; el 55% se sienten más nerviosas y menos equilibradas; el 61% reprimen cualquier pensamiento en torno al aborto; el 52% sufren con solo ver mujeres embarazadas; y al 70% les viene con frecuencia a la cabeza la idea de cómo serían las cosas si el niño abortado viviese ahora.
        Muchas mujeres acusan a médicos y asesores de que no les habían informado suficientemente sobre las posibles consecuencias psíquicas. Si hubiesen sabido qué riesgos somáticos y psíquicos acarreaba, lo más probable es que no hubieran abortado.
        Las mujeres que suelen superar el trauma del aborto –continúa ese estudio– son aquellas encuestadas que intentan recuperar su equilibrio psíquico afrontando conscientemente el hecho del aborto. Lo hacen sobre todo a través de conversaciones con personas de confianza, como el marido, más frecuentemente una amiga o la madre, rara vez un médico, y nunca –dato significativo– con el médico que practicó el aborto.

        En esos casos, por lo general, la mujer intenta reconocer su culpa. No la reprime, no la proyecta en otros, ni recurre tampoco a justificaciones. El siguiente paso es arrepentirse del aborto. En esta fase se duele por su hijo muerto como por cualquier otro difunto querido. Raramente una madre –concluye ese estudio– logra convencerse de modo permanente de que aquello no era un ser humano vivo, su propio hijo.  

Alfonso Aguiló

http://www.fluvium.org/textos/etica/eti928.htm

            

sábado, 10 de agosto de 2013

¿Eternamente provisionales?

   Una madre preguntaba no hace mucho a un educador: “¿cómo puede un joven escapar de los muchos condicionamientos externos y mantenerse simultáneamente al paso de los tiempos? Creo que los jóvenes de hoy tienen muchas energías positivas, pero poco sentido de responsabilidad. La sociedad los educa a decisiones provisionales, por ejemplo en el trabajo, a cosas de poca duración...”

        El ritmo de la vida moderna nos ha acostumbrado a cambios cada vez más frenéticos. Si antes una familia tenía sus momentos de convivencia y diálogo, ahora el deporte, la televisión, los amigos en el bar, o algún que otro pequeño trabajo urgente han disgregado lo que fue en otro tiempo un grupo unido y armónico. Además, los adolescentes y los jóvenes se sienten bombardeados, hoy más que nunca, por las modas. Cromos, dibujos animados, series de televisión, cantantes de moda, juegos electrónicos cada vez más absorbentes y estrambóticos... se suceden a tal velocidad que los padres no acaban de emitir un juicio sobre la utilidad o peligro de una moda cuando ya se encuentran con que se está imponiendo algo nuevo...

        En medio de las prisas y las tensiones del mundo electrónico, conviene descubrir aquellos valores que no pasan, que señalan y definen en su núcleo más profundo el corazón de cada hombre y mujer. La gratitud hacia quienes nos hacen un favor; la generosidad para con todo aquel que nos pida algo conveniente; la alegría de poder dar nuestro tiempo en favor de un necesitado; la fidelidad al amor matrimonial; la dedicación de los padres a la alimentación y cultura de los hijos, y de los hijos a ayudar en todo a sus padres. Estos y otros muchos valores configuran lo más profundo del corazón de cada ser humano, lo que lo define y no está sujeto al primer capricho del humor o a las situaciones cambiantes del tiempo, de la bolsa o de los precios en el mercado...

        Unos padres de familia, un equipo de maestros de una escuela, no podrán correr siempre según el ritmo de las novedades del mercado global. Con un poco de suerte y de tiempo lograrán estar al tanto de aquello que más destaca, y orientar sobre el correcto uso de cada producto que nace en el horizonte de la vida. Pero no siempre podremos controlar todo lo que cae en las manos de nuestros hijos. Por eso, junto al necesario trabajo de actualización, los padres y educadores podrán enseñar siempre aquellos valores que nunca pasan, aquellos principios que son capaces de configurar toda una vida, y que ayudarán a las nuevas generaciones a juzgar por sí mismos sobre lo que importa y sobre lo que es sólo pérdida de tiempo, si es que no llega a ser una moda peligrosa y deseducativa.


        Vale la pena este esfuerzo. El resultado será un mundo un poco más sereno y unos jóvenes capaces de decisiones estables y profundas. No podemos ser eternamente provisionales. La verdad no pasa nunca de moda. El amor será siempre actual. Este es el reto de nuestra sociedad. El triunfo está al alcance de todos, si sabemos, eso sí, poner lo que esté de nuestra parte para lograrlo.

Fernando Pascual, L.C.

miércoles, 7 de agosto de 2013

PLEGARIA PARA LOS NIÑOS


 Quiero pedir por los niños que dejan sus dedos llenos de chocolate en todo lo que tocan, que saltan en los charcos y arruinan sus pantalones nuevos, que comen dulces antes de la comida y que nunca encuentran sus zapatos en la mañana...

Quiero pedir por los niños que miran a los fotógrafos desde atrás de los alambres de púas, que nunca han caminado por la calle con un par de zapatos nuevos, que nunca han jugado "encantados" y que han nacido en lugares a donde nosotros jamás nos acercaríamos, que es donde probablemente morirán...


Quiero pedir por los niños que nos dan besos pegoteados de caramelo y ramos de flores, que duermen con su perro y quieren enterrar a sus pescaditos, que nos abrazan muy fuerte y que olvidan su dinero para la merienda, que riegan la pasta de dientes por todo el baño, que observan con ojos asombrados a su padre cuando se afeita y a su madre mientras se maquilla, que hacen ruido cuando toman la sopa... Y también quiero pedir por los niños que nunca han comido postre, que no tienen cobija favorita que llevar a todos lados, que ven a sus padres sufrir, que se acercan a nuestros coches en cada calle pidiendo con sus ojos, que no tienen baños para asearse, y cuyas fotos aparecen en las estaciones de policía y no en las oficinas de sus padres...

  Quiero pedir por los niños cuyas pesadillas suceden a plena luz del día, que comen lo que encuentran, que duermen bajo el cielo abrigados por periódicos, que nunca han ido al dentista, que no reciben mimos de nadie, que van a dormir hambrientos y despiertan hambrientos, que no tienen dirección...


  Quiero pedir por los niños a quienes les gusta que los carguen y por aquellos que tienen que ser cargados, por los que se dan por vencidos y por los que siguen luchando, por los que no encuentran manos que tomar...

 Por todos esos niños, quiero pedir el día de hoy, porque todos son valiosos, dan una nueva forma de amor a nuestras vidas y una razón para vivir, porque ellos nos hacen sentir la necesidad de comprometernos a construir un mundo más justo...

Y pido por nuestros hijos, los que nacieron y los que nacerán, porque son la mejor esperanza para nuestro mundo, la compensación de nuestro trabajo, la realización de nuestros sueños incompletos, la garantía de nuestra inmortalidad... y la muestra de que Dios no ha perdido la esperanza en los hombres...
 

Autor Desconocido

viernes, 26 de julio de 2013

LA MOLESTIA, LA INTOLERANCIA Y EL ENOJO


La molestia, la intolerancia y el enojo, son sentimientos que a todo ser humano nos domina en cualquier edad. Estos sentimientos son reflejo que algo no nos gusta, pero las buenas costumbres han bloqueado la razón real de éste sentimiento. 

Por mucho tiempo nos han enseñado que debemos ser tolerantes, amorosos, no molestarnos por cosas sin importancia, y no enojarnos. Nos dicen “qué” debemos hacer, pero no nos dicen “cómo” hacerlo. Es más, cuando de niños mostramos estos sentimientos, los grandes se molestaban con nosotros y nos regañaban, nos decían que no deberíamos enojarnos, y algunos hasta se burlaban de nosotros para enojarnos más. 

Siempre, de niño, me enseñaron a no enojarme, y cuando lo hacía, me decían que me encerrara en mi cuarto. Cuando mi enojo iba más allá de mi control y lo reflejaba con lágrimas, berrinches, gritos… me calmaban con un golpe. Ahora, que ya soy mayor, entendí que los grandes cometieron un grave error al callar mis enojos, en lugar de escucharme y darme razones de porqué estaba actuando mal. A veces si pudiera merecerme un golpe para regresar a la realidad, pero no siempre, sólo porque a los grandes no les gustaba oír ruido de los niños. 

Hoy, que ya hemos crecido, y ya somos grandes, nos hemos acostumbrado a callar los enojos. Cada vez que alguien nos provoca un enojo, lo callamos, no decimos que estamos enojados, nos lo guardamos, aunque nuestras manos se endurezcan y algunas veces hasta nos salga lágrimas en los ojos.
 
- ¿Estás enojado? 
- ¡Claro que no! 
- ¿Entonces por qué me gritas? 
- ¡Ya te dije que no estoy enojado!
 
¿Verdad que aprendimos algo muy bien? ¿Verdad que nos enseñaron a no enojarnos y cuando lo hacíamos recibíamos un regaño o un golpe?

Si analizamos nuestro comportamiento cuando nos enojamos, qué raros somos. No decimos que estamos enojados, si nos preguntan lo negamos, pero gritamos, contestamos mal a quien esté en nuestro lado, le decimos palabras para hacerlo sentir mal, le agredimos… y finalmente decimos: “pero yo nunca me enojo” 

El enojo, es el reflejo de que algo no nos gusta, pero como nos enseñaron a no enojarnos, entonces no decimos nada, nos aguantamos y terminamos molestos por la situación. Se cumple el pensamiento: “Queremos que sucedan cosas, pero no hacemos nada para lograrlo”. 

Ahora que lo hemos entendido, cada vez que nos enojemos, hay que manifestarlo, pero no gritando, agrediendo o buscando hacer sentir mal a la otra persona, sino buscando la solución a la incomodidad. 

El enojo, es como una respuesta de nuestro organismo de que algo no está bien, de que queremos que suceda un cambio, entonces hay que hablarlo con las personas involucradas, estos pueden ser los jefes, la pareja, amigos, familiares o cualquier persona, pero sin agredir, sólo buscando arreglar la situación. 

El enojo es como una respuesta de nuestro organismo de que quiere un cambio, pero no siempre busca un cambio externo, sino muchas veces busca un cambio interno. Son estos casos cuando sentimos que algo no está bien en nuestro interior y se ve reflejado con enojos. 

- Rocío vivía con sus padres, quienes le pedían que todo lo hiciera rápido, sus padres se desesperaban y hasta la regañaban cuando se tardaba. Esto aplicaba cuando iban a comer, cuando tenía que lavar los trastes, cuando iba a la tienda.  Actualmente Rocío tiene 26 años, y todo lo desea hacer muy rápido. Cuando va a la tienda con sus amigos compra las cosas muy rápido porque no los quiere hacer esperar, se estresa demasiado. Cuando se tarda en hacer algún documento para su jefe se estresa tanto que en ocasiones ya no puede continuar y hasta le da algunos dolores de cabeza. Hay algo que Rocío está detectando, que cuando tiene una cita con algún amigo, quiere llegar muy rápido, pero factores externos como tráfico, exceso de trabajo u otras razones no la dejan, se desespera y durante todo el trayecto se va enojada y es capaz de gritar a quien se le acerque. 

En este ejemplo, Rocío tiene una fuerte dependencia por la ansiedad, se preocupa por hacer las cosas rápido. Se le dificulta controlarse y cuando otros factores no le permiten hacer lo que desea, es cuando se enoja y grita manifestando de ésta manera su enojo. Todos los que se le acerquen no tienen la culpa, sería infantil que ella les dijera a todos: “por favor, no te me acerques porque no quiero que me estorbes, ya que necesito llegar a un lugar y se me hace tarde”. Podría ser válido, pero la raíz es otro sentimiento, el sentimiento raíz es el sentimiento de culpa. 

Cada vez que te enojes busca cuál es el origen, podría ser que el problema sea tu interior, en lugar de afectar a otras personas, mejor sana primero.
 

Rafael Zárate M.

lunes, 22 de julio de 2013

CUATRO SECRETOS PARA SER FELIZ


Lo que más deseamos en la vida es la felicidad. Pero en ocasiones saboteamos nuestros esfuerzos para alcanzarla.  La felicidad no es un destino a donde se llega, sino es la manera de caminar por la vida. Sin embargo, de manera extraña, en el trayecto podemos tropezar con dos problemas graves: algunos seres humanos tienen miedo de ser felices y muy pocos saben exactamente qué desean. 
 
Si quieres vencer estos dos obstáculos y pertenecer al selecto grupo de gente feliz, te sugerimos seguir cuatro pasos para lograrlo.
 
     Desmantela tu armadura.

Con frecuencia tememos ser felices y saboteamos nuestras ilusiones porque pensamos que no merecemos la felicidad y nos da miedo tratar de alcanzarla.  La forma más sencilla y frecuente de protegernos y mantenernos a salvo es construir una armadura de acero en la que encerramos nuestros sueños y deseos para que nadie pueda alcanzarlos ni destruirlos. Y, por supuesto, el resultado es que jamás damos un solo paso para hacerlos realidad.  Acepta que al reprimir tus sueños no los proteges, sino que impides que se realicen. Haz esfuerzos verdaderos para convertirlos en realidad. Esta decisión te puede llevar a correr algunas desilusiones y desengaños; pero también te llevará a éxitos que de otra manera no lograrías jamás.
 
    Conéctate con los deseos de tu corazón.
 
Haz una "cita" contigo mismo para explorar cuáles son los sueños y los deseos que duermen en el fondo de tu corazón.  Considérala y trátala como la cita más importante de tu vida.  Si lo consideras necesario, asiste a ella con libreta y pluma en mano.  Anota cuanta idea se te ocurra sobre lo que deseas, aunque te parezca absurda.  Cuando no tenemos idea de cuáles son nuestras metas en la vida ni sabemos cómo alcanzarlas, es una buena idea ayudar al cerebro a realizar esta exploración.  Lo importante es que logres conectarte con lo que tu corazón anhela realmente y que llegues a vislumbrar los diferentes caminos por medio de los cuales podrías alcanzarlo. De este modo, te será más fácil empezar a dar los pasos necesarios para convertir ese sueño en realidad.  Los esfuerzos que hagas llenarán de interés tu vida y te harán probar las primeras mieles de la felicidad.
 
    Reconoce tu propio poder.
 
Todos somos mental y físicamente capaces de hacer lo que nos proponemos; los límites los ponen nuestro miedo y nuestra imaginación. Y todos merecemos el éxito, como merecemos el amor y la felicidad.  Desafortunadamente, para muchos es más fácil decir "no puedo"; y todos solemos creer en nuestras propias palabras.  Así que para conquistar la felicidad, empieza a practicar una actitud positiva, a fomentar la confianza en ti mismo y a decir "sí puedo", a todos los retos que te vaya planteando la vida.  Muy pronto descubrirás que puede hacer cosas de las que antes te sentías incapaz.
 
    No tomes precauciones como pretextos.
 
Algunos temores son buenos. Ser precavido y cauteloso es una virtud cuando se conduce un automóvil, se tienen hijos pequeños y se desea evitar cualquier tipo de accidente. Pero cuando el miedo te impide lanzarte en busca de tus sueños, ha llegado el momento de deshacerse de él.  En las decisiones importantes de la vida los temores y pretextos deben dejarse a un lado y debe imponerse el valor para correr ciertos riesgos, porque se necesita determinación para perseguir y alcanzar los grandes sueños.  Para ser feliz hace falta honradez para seguir el camino correcto en su consecución y para no estropearla con la mentira o el egoísmo. Pero, ¿cómo sé en cada momento que estoy siendo honrado con las personas que realmente me importan? El problema que se nos plantea es el de reconocer el tipo de amor apropiado -cuál es la manera correcta de amar-, y distinguirla de un amor equivocado -que pueda terminar destruyendo aquello que uno ama.
 

Denis Derivet 

jueves, 18 de julio de 2013

Acepta a tus amigos como ellos son


Acéptalos como son...
Está agradecido por lo que tienes,
no molesto por lo que los amigos no pueden dar.
Acepta las imperfecciones de cada uno y la individualidad
y no te sientas amenazado si las opiniones
y los gustos de ellos difieren a veces de los tuyos.

Date tu lugar...

Tenemos derecho a nuestros sentimientos y pensamientos privados.
Los amigos que tratan de invadir el espacio interior de los demás,
corren el riesgo de destruir la relación. 

Estáte listo para dar y recibir...

Está siempre pronto para prestar ayuda y también para pedirla,
pero no te excedas en tus exigencias, ni permitas que se abusen. 

Da consejos constructivos...

Cuando un amigo necesita hablar, escucha sin interrumpir.
Si te piden un consejo, que sea positivo y al mismo tiempo un apoyo.

Se leal...

Lealtad es fidelidad... Significa "estar con" tu amigo,
tanto en las malas como en las buenas.
Significa honrar la confianza,
significa no desacreditar a un amigo en su ausencia,

ni permitir que otros lo hagan.

Alaba y alienta...

Di a tus amigos lo que te gusta acerca de ellos,
lo agradecido que estás de la presencia de ellos en tu vida.
Deléitate con los dones que tienen y aplaude sus éxitos.

Se honesto...

La comunicación abierta es esencial en la amistad.
Expresa tus sentimientos, buenos y malos,

en lugar de embotellar tu cólera o tus ansiedades.
Aclarar el ambiente ayuda al desarrollo de la amistad,
pero recuerda que hay cosas que es mejor no decir.

Trata a los amigos como iguales...

En la verdadera amistad, no hay número uno,
no hay lugar para alardear de inteligente o de los éxitos obtenidos,
ni para la envidia, ni para sentirse superior o inferior.

Confía en tus amigos...

Vivimos en un mundo desordenado e imperfecto,
compuesto de gente imperfecta.
La confianza puede ser traicionada,
pero es esencial para la amistad.
Haz el esfuerzo de creer en la bondad intrínseca de tus amigos.


Y recuerda que el mejor amigo,
el que siempre estará a nuestro lado,
el que nunca nos dejará, ni nos defraudará,

es JESÚS.

celebrandolavida.org

jueves, 11 de julio de 2013

Aprender a equivocarse

No hay una vida sin problemas, pero lo que hay en todo hombre es capacidad para superarlos



Una de las virtudes-defecto más cuestionables es el perfeccionismo. Virtud, porque evidentemente, lo es el tender a hacer todas las cosas perfectas. Y es un defecto porque no suele contar con la realidad: que lo perfecto no existe en este mundo, que los fracasos son parte de toda la vida, que todo el que se mueve se equivoca alguna vez.

He conocido en mi vida muchos perfeccionistas. Son, desde luego, gente estupenda. Creen en el trabajo bien hecho, se entregan apasionadamente a hacer bien las cosas e incluso llegan a hacer magníficamente la mayor parte de las tareas que emprenden.

Pero son también gente un poco neurótica. Viven tensos. Se vuelven cruelmente exigentes con quienes no son como ellos. Y sufren espectacularmente cuando llega la realidad con la rebaja y ven que muchas de sus obras -a pesar de todo su interés- se quedan a mitad de camino.

Por eso me parece que una de las primeras cosas que deberían enseñarnos de niños es a equivocarnos. El error, el fallo, es parte inevitable de la condición humana. Hagamos lo que hagamos habrá siempre un coeficiente de error en nuestras obras. No se puede ser sublime a todas horas. El genio más genial pone un borrón y hasta el buen Homero dormita de vez en cuando.

Así es como, según decía Maxwel Brand. "todo niño debería crecer con convicción de que no es una tragedia ni una catástrofe cometer un error". Por eso en las persona siempre me ha interesado más el saber cómo se reponen de los fallos que el número de fallos que cometen.

Ya que el arte más difícil no es el de no caerse nunca, sino el de saber levantarse y seguir el camino emprendido.

Temo por eso la educación perfeccionista. Los niños educados para arcángeles se pegan luego unos topetazos que les dejan hundidos por largo tiempo. Y un no pequeño porcentaje de amargados de este mundo surge del clan de los educados para la perfección.

Los pedagogos dicen que por eso es preferible permitir a un niño que rompa alguna vez un plato y enseñarle luego a recoger los pedazos, porque "es mejor un plato roto que un niño roto".

Es cierto. No existen hombres que nunca hayan roto un plato. No ha nacido el genio que nunca fracase en algo. Lo que sí existe es gente que sabe sacar fuerzas de sus errores y otra gente que de sus errores sólo saca amargura y pesimismo. Y sería estupendo educar a los jóvenes en la idea de que no hay una vida sin problemas, pero lo que hay en todo hombre es capacidad para superarlos.

No vale, realmente, la pena llorar por un plato roto. Se compra otro y ya está. Lo grave es cuando por un afán de perfección imposible se rompe un corazón. Porque de esto no hay repuesto en los mercados.


Autor: José Luis Martín Descalzo 

http://www.es.catholic.net/temacontrovertido/174/1634/articulo.php?id=30896

miércoles, 10 de julio de 2013

¡QUE BELLO ES VIVIR!



Vivir, es gozar los momentos bellos y desafiarse a sí mismo ante las adversidades.

Vivir, es aprender más cada día, es evolucionar y cambiar para hacer de nosotros un ser mejor que ayer,  un ser que justifica su existir.


Vivir, es amar intensamente a través de una caricia, es escuchar en silencio la palabra del ser amado, es perdonar sin replica una ofensa,  es aspirar la presencia del otro, es besar con pasión a quien nos ama.


Vivir, es contemplar apaciblemente la alegría de un niño, escuchar al adolescente aceptando sus inquietudes sin protestar, acompañar con gratitud la ancianidad en su soledad.


Vivir es comprender al amigo ante la adversidad y aunque se tengan mil argumentos para contradecirlo o justificarlo, finalmente solo escucharlo, es tener la capacidad de regocijarse ante sus triunfos y realizaciones.


Vivir es sentir que nuestro existir  no fue en vano y en la medida en que nos atrevemos a dar lo mejor de nosotros en cada momento, logremos manifestar la grandeza de nuestra alma para amar.


Vivir es vibrar y sentir es amar y gozar, es observar y superar, es dar y aceptar, es comprender que nuestro tiempo es lo único que poseemos para realizar plenamente nuestro ser.

lunes, 8 de julio de 2013

LOS OBSTÁCULOS



El problema no está, en si la vida es fácil o difícil, sino en cómo reaccionamos ante los obstáculos. Si un día se te cierra una puerta, la solución no es romperte la cabeza dando contra ella, sino preguntarte si no habrá, al lado de ella o en la misma dirección, alguna otra puerta por la que puedas pasar. 

En la vida tienes que aceptar a veces salidas de emergencia, aunque te obliguen a dar un pequeño rodeo. Procura, al mismo tiempo, tener siempre encendidas tres o cuatro ilusiones; así, si te apaga una, aún tendrás otras de las que seguir viviendo. 
 
Distingue siempre entre tus ideales y las formas de realizarlo. Aquellos son intocables, éstas no. Si alguien pone obstáculos a tu ideal, pregúntate si se opone de veras a tu ideal o a la forma en que estás realizándolo. Y no veas problema en cambiar de forma de buscarlo, siempre en cuanto sigas buscando el mismo ideal. 
 
Aprende en la vida a ser persistente y tenaz, pero no confundas la tenacidad con la cabeza dura. No cedas ni en tus ideas ni en tus convicciones, pero no olvides que una verdad puede decirse de mil maneras y que no siempre vale la pena sufrir por ciertos modos de expresión. 
 
Y cuando llegue una ola que sea más fuerte que tú, agáchate, déjala pasar, espera... y luego, sigue nadando. Intenta convertirte en lo mejor que puedes ser. Muchos tienen miedo de lograr su potencial porque temen encontrarse con una puerta cerrada. Esto no es una actitud correcta. Debes desarrollarte a ti mismo lo mejor posible.  Aún la persona más pequeña tiene el potencial más grande si utiliza todo lo que está dentro de ella.


 Autor Desconocido 






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