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"El Señor no mira tanto la grandeza de las obras como el amor con que se hacen." Santa Teresa de Ávila
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lunes, 28 de septiembre de 2015

Grupos de padres en WhatsApp: ¿conflicto familia-escuela?


Los antiguos grupos o “corrillos” de padres de una clase escolar, ahora son vía WhatsApp. Se usan para hacer preguntas sobre los deberes de los hijos, para pedir ayuda con el transporte o para organizar una reunión de los chicos, pero también se pueden usar para criticar a los profesores, para chismosear o para presionar a la institución, situación que afecta la relación familia-escuela.

WhatsApp es dinámica, práctica y rápida. Este sistema de mensajería instantánea, que se ha convertido en una herramienta de trabajo para muchos, es la elegida para reunir familiares y amigos, y es también la preferida de los padres de familia en el ámbito escolar. Los mismos progenitores crean un grupo para estar conectados entre sí y estar al tanto de lo que ocurre en la clase de sus hijos. Sin embargo, aunque estos grupos pueden resultar muy útiles para resolver algunos asuntos, no siempre es la vía adecuada. Es importante saberla utilizar.

Líos en los grupos de padres

Se ha evidenciado que a través de estos grupos, las críticas sobre la escuela pueden magnificarse  y crear malos entendidos, sin pensar que los más perjudicados suelen ser los estudiantes.

Miquel Miquel Àngel Prats, director del programa de Educación Infantil de la Universidad Blanquerna, investigador en TIC y educación, y asesor de escuelas en el buen uso de la tecnología, relata que este año ha recibido la llamada de muchos centros para poner orden en los grupos de WhatsApp.

«La herramienta resulta muy útil para gestionar la relación con la escuela, compartir información de forma rápida y resolver dudas. Pero si no se tienen muy claros los objetivos, degeneran en un "patio de vecinos". O causan tanto ruido que pierden parte de su función informativa. Los padres también necesitan formación tecnológica, unas pautas claras sobre cómo usar los grupos de WhatsApp y sacarles buen partido», afirma Prats en un artículo de LaVanguardia.com.

El experto suele explicar a los padres las reglas de la netiqueta, "la buena educación tecnológica" y les recuerda: «Hay que ser consciente de algo: el grupo de WhatsApp de padres no es un grupo de amigos, así que debería ceñirse a asuntos de gestión escolar; si surge un problema con un maestro o un alumno, lo mejor es acudir directamente a la escuela y hablar en persona, no explicarlo todo en el móvil», señala este investigador. En general, los videos o imágenes graciosas deberían evitarse. También los juicios de valor "en caliente", las opiniones políticas y creencias personales. 

9 Consejos para un buen uso del grupo de Whatsapp de padres y madres de la clase

«Nos quejamos del mal uso que hacen nuestros hijos del whatsapp: que si cotillean, si juzgan e inventan cosas, si critican… pero ¿cómo utilizamos nosotros este instrumento, en concreto el whatsapp de la clase de nuestros hijos?» cuestiona Óscar González, profesor, escritor, asesor educativo y conferenciante. Otro experto que revela dicha problemática y para ello brinda nueve consejos que buscan utilizar esta herramienta de manera correcta.

1. Utiliza el grupo de Whatsapp de la clase para intercambiar información útil sobre tu hijo y el grupo-clase. Si no tienes nada positivo, útil e interesante que aportar mejor no escribas nada.

2. Respeta a los demás y su intimidad: una vez se comparte un contenido ya no hay marcha atrás.

3. No escribas lo que no dirías a la cara. Piénsatelo dos veces antes de enviarlo.

4. No te conviertas en la agenda de tu hijo: deja que aprenda a asumir sus propias responsabilidades.

5. Ante el mal uso de alguno de los miembros del grupo no dejes pasar la ocasión de mostrar tu disconformidad y hacerle ver que no es la manera correcta de proceder.

6. Evita comentar los rumores que se compartan en el grupo e intenta erradicarlos. El rumor es una construcción grupal: todos los que participan o comentan el rumor son sus constructores pues cada uno de ellos aporta algo al mismo.

7. Si tus intentos de eliminar estas actitudes del grupo son fallidos, siempre tienes la opción de abandonar el grupo y dejar de formar parte del mismo. Aunque algunos no lo entenderán a veces es la mejor opción.

8. No compartasen el grupo contenidos que atenten contra la privacidad de nadie ni sea ofensivo hacia otros (padres, profesores, etc.)

9. Si tienes algún problema que resolver con el profesor, no lo hagas a través del grupo: ve directamente al centro a hablar con él cara a cara. De esta forma le darás la opción de poder ofrecerte sus argumentos sobre lo sucedido.


La recomendación, es por tanto, hacer un buen uso de la herramienta y convertirla en una oportunidad para promover un acercamiento entre las familias y de ellas con la escuela, finalmente los únicos beneficiados o perjudicados son los hijos, así que por el bien de ellos, se debe buscar una verdadera alianza que educativa.


martes, 8 de septiembre de 2015

Una hija le pregunta a su madre cómo cambia la vida tras el embarazo. La respuesta es perfecta


El hecho de convertirnos en padres es una de las mayores decisiones que tomaremos a lo largo de nuestra vida. Por supuesto, se trata de una experiencia única y enriquecedora pero, ¿somos plenamente conscientes de todo lo que ello implica?. Estoy convencido de únicamente las madres y padres que estéis leyendo esto entenderéis a lo que me refiero.

La historia que os mostraremos hoy precisamente aborda este tema, sobre si las parejas que quieren convertirse en padres están al tanto de hasta qué punto podría cambiarles la vida y de todas las cosas que calla una madre desde el día que nacen sus hijos. Dice así:

Estábamos sentados para comer un día, cuando mi hija menciona que ella y su marido están pensando en formar una familia.

– “Estamos haciendo una encuesta”, dice medio en broma. “¿Crees que deberíamos tener un bebé?”

– “Vuestra vida va a cambiar”, digo cuidadosamente y manteniendo mi neutralidad.

– “Lo sé”, me contesta. “Se acabaron las fiestas nocturnas los fines de semana, las vacaciones espontáneas…”

Pero no me refería a eso en absoluto. Miré a mi hija tratando de decidir qué decirle. Me gustaría que supiese lo que no va a aprender en las clases de preparación al parto.

Me gustaría decirle que las heridas físicas tras el parto se curan, pero convertirse en madre conlleva una serie de heridas emocionales a la que siempre será vulnerable.

Pienso en decirle que nunca volverá a leer el periódico sin preguntarse después ¿qué hubiera pasado si ese hubiera sido mi hijo?. Que cada accidente de avión, cada incendio serán su obsesión. Que cuando vea las fotos de niños hambrientos, ella siempre se preguntará si podría haber algo peor que ver a su hijo morir.

Miro sus uñas cuidadosamente pintadas y su elegante traje. Después pienso que no importa lo sofisticada que sea, ya que cuando se convierta en madre adquirirá el nivel primitivo de una osa que vela por su cachorro. Que una llamada urgente de “¡mama!” hará que deje caer la tarta que esté preparando o su figura de cristal favorita sin vacilar ni un instante.

Siento que debo advertirle, pues no importan todos los años que haya invertido en su carrera profesional, pues verá las cosas de otro modo con la maternidad. Podría dejar todo listo para que alguien se encargue del pequeño mientras acude a una reunión de negocios, pero seguirá pensando en el olor de su bebé. Tendrá que hacer gala de una disciplina de hierro para no acudir a casa, solo para ver que su bebé se encuentra bien.

Quiero que mi hija sepa que tomar decisiones ya no será una cuestión de rutina. Que el deseo de un niño de 5 años de entrar al baño masculino para hacer sus necesidades se convertirá en un gran dilema. Que justo allí, en mitad de la gente con bandejas y niños gritando a pleno pulmón, los temas de la independencia y la identidad de género serán sopesados contra la perspectiva de que un abusador esté acechando en ese baño.

En cuanto a mi atractiva hija, quiero asegurarle que en un futuro conseguirá perder los kilos del embarazo, pero que nunca se sentirá igual consigo misma. Que su vida, ahora tan importante, tendrá menos valor después de tener un hijo. Empezará a desear vivir más años, no para cumplir sus propios sueños, sino para ver a sus hijos lograr los suyos. Quiero que sepa que las estrías o una cicatriz de cesárea se convertirán en insignias de honor.

La relación de mi hija con su marido cambiará, pero no de la manera que piensa. Deseo que pudiera entender cuánto se puede llegar a querer a un hombre que cambia los pañales del bebé o que nunca le asaltan las dudas para jugar con sus hijos. Creo que debería saber que seguirá enamorándose de él por razones que ahora encontraría muy poco románticas.

Me gustaría que mi hija se diese cuenta de lo ligada que se sentirá a aquellas mujeres históricas que trataron de detener la guerra, los prejuicios y de conducir borrachos.

Quiero describirle la euforia que se siente cuando ves a tu hijo aprendiendo a andar o a montar en bicicleta. Me gustaría capturar para ella las carcajadas de un bebé que toca la suave piel de un gato o un perro por primera vez. Quiero que saboree esa dicha tan real, que duele.

La mirada interrogativa de mi hija me hace darme cuenta de que las lágrimas se han empezado a acumular en mis ojos. “Nunca lo lamentarás”, digo finalmente. Entonces alargué mi brazo a través de la mesa y apreté la mano de mi hija.



lunes, 24 de agosto de 2015

Vivir de prisa


La hiperactividad actual nos lleva a dedicar nuestras energías a otras metas que nos hacen
olvidar las cosas importantes de la vida.
 
Sufrimos la Enfermedad del Tiempo, creyendo que todo se debe hacer rápido.
Intentemos decrecer el ritmo alocado en qué vivimos para no degradarnos nosotros mismos.
 
Simplemente reduzcamos la marcha y busquemos el tiempo justo para cada cosa; saboreemos cada momento priorizando lo imprescindible.
 
No dejes que tu agenda te gobierne, te marque el tiempo, ya que muchas cosas que te planteas ahora son perfectamente postergables; prueba y verás.
 
Apaga el móvil y desconecta el teléfono por unos minutos
Tómate tiempo para comer y beber.
 
Comer con prisas genera males digestivos y si la comida es buena y está bien sazonada, no la apreciarás como se debe. Comer es uno de los placeres de la vida, no lo arruines.
 
Pasa tiempo a solas contigo mismo, en silencio.
Escucha tu voz interior, medita sobre la vida en general.
 
No tengas miedo al silencio, ya que al principio te será difícil, pero luego notarás los beneficios.
 
No te aturdas con ruidos o mires televisión como si fueras una medusa petrificada. Escucha música con calma y verás que es bellísima. No te quedes frente al televisor porque sí.
 
No creas eso de que en poco tiempo das amor.
Es una estupidez pensar que se puede amar una hora por día y basta con eso.
 
Escucha los sueños de la gente que amas, sus miedos, sus alegrías, sus fracasos, sus fantasías y problemas.
 
No creas que las personas pueden seguir tu ritmo.
Eres tú quien debe desacelerar e ir al ritmo de ellos.
 
Recuerda que la conversación y la compañía silenciosa son los medios de comunicación más antiguos que existen.

martes, 21 de julio de 2015

4 Actitudes personales que lesionan el amor




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Foto: FreeImages

Además de las faltas graves que obviamente afectan un matrimonio como la infidelidad o el maltrato, hay actitudes -comunes y cotidianas-, que al volverse repetitivas, comienzan a generar una herida en la relación matrimonial, hasta llegar muchas veces a consecuencias graves. Conviene por tanto, identificarlas, reconocerlas y cambiarlas.

El matrimonio es una experiencia que permite ser una mejor persona independiente del papel de esposo o esposa. Y precisamente ese camino de crecimiento personal, genera un impacto positivo en la relación matrimonial. Así que presta atención a las siguientes actitudes que pueden estar presentes y que conviene corregir cuanto antes.

1. Egoísmo

El matrimonio es la unión de dos para compartir intereses, tiempo, decisiones, preferencias, bienes materiales, sueños, y muchas más cosas. Pero como seres humanos, muchas veces cuesta compartir y ceder. Así que hay que buscar un equilibrio, ambos deben ser flexibles ante ciertas situaciones para encontrar un punto común.

2. Desinterés

Desinterés por lo que le pasa o lo que siente el otro. No hay nada más desalentador que acudir con entusiasmo al marido o a la mujer para contar algo que ha pasado y chocar con una respuesta de desgano y apatía. El desinterés cierra todas las puertas de comunicación que tanto se necesitan en el matrimonio. Esto hace sentir al cónyuge menospreciado e ignorado. No darle la prioridad que merece, es molesto y afecta la convivencia matrimonial.

3. Impaciencia

El matrimonio no es siempre un camino de rosas, ¡como tampoco lo es que nada en la vida! ¿O es que en los negocios no hay ciclos de vida? ¿O es que siempre marcha todo perfecto en la relación con los demás? Es una ley de vida. Siempre existirán los momentos difíciles y siempre habrá cosas que queramos cambiar de los otros, en especial del marido o esposa, y necesitaremos paciencia para aceptarlos y tolerar sus debilidades. Pero también, en ese ejercicio de la paciencia, podemos ayudarles a mejorar por el bien de ellos y del matrimonio. Con sutileza, respeto y mucho amor, se pueden lograr grandes cambios en el otro.

4. Soberbia

La soberbia enceguece y envenena. Es la falta de humildad para aceptar la crítica y los errores que cometemos, y esto en la relación matrimonial hace mucho daño. Para poder ser felices, hay que dejar el orgullo a un lado, pedir perdón y construir de nuevo-

http://lafamilia.info/index.php/matrimonio/amor-y-matrimonio/162-matrimonio2/amor-y-matrimonio/1909-4-actitudes-personales-que-lesionan-el-amor

martes, 14 de julio de 2015

Todo el mundo se sorprendió con Paraguay, menos el Papa

 Periodistas extranjeros, mezclados con los nacionales, cubrieron la visita papal.

En su informe de ayer para CNN en Español, José Levy, uno de los 77 periodistas que acompañaron al Papa en su viaje de regreso a Roma, resaltó su sorpresa en un hecho inusual durante el vuelo.
A los 35 minutos, luego de haber despegado del aeropuerto Silvio Pettirossi, un Papa fortalecido, lleno de energía, se acercó a los miembros de la prensa y durante una hora dio una conferencia y respondió todas las preguntas. Ese hecho no es frecuente, menos aún siendo el cierre de una maratónica gira apostólica de 8 días, en la que visitó 3 países y en la que recorrería unos 25.000 kilómetros.
Las raíces de Francisco absorbieron el amor y en el tramo final el Papa se sintió fortalecido para departir durante una de las 13 horas que duraría el vuelo hasta la capital italiana. Pero no solo Levy quedó sorprendido, sino también el presentador de esa cadena, quien expresó: “Me quito el sombrero ante Paraguay. Es increíble este país. ¡Conózcanlo! Paraguay, el país católico por excelencia”.
Paradójicamente, el que no quedó sorprendido con este país sudamericano fue el mismo papa Francisco, “pues lo conoce muy bien y no espera menos de este pueblo, dijo en su almuerzo del domingo que no le extraña que estos hermanos hayan resurgido de las cenizas”, expresó CNN y agregó que el Papa dijo: “El paraguayo tiene la energía y el don de persona que Jesús quiere para el mundo. Si quieren sentir la fe en Dios, deben tener un amigo paraguayo”.
Sobre la sorpresa, incluso CNN reconoció, además, “A diferencia de nuestro enviado especial, que no caía del asombro por las muestras de tanta fe, cariño y respeto hacia el líder de 1.250 millones de fieles en todo el mundo. En horabuena, paraguayos, país bendecido, sin ninguna duda”.
CANAL UNIVISIÓN“Qué respeto tienen los paraguayos a su lengua nativa, por el guaraní, porque no teníamos conocimiento, y yo pienso que haya un país en América que se tenga ese respeto oficialmente en Paraguay. Nosotros, cuando vemos los periódicos, aquí en Paraguay viene entre guaraní y castellano, y hemos tenido que recurrir a un experto en ese idioma, aquí, en el equipo, resaltaron miembros del canal Univisión. Es una gente con un respeto inmenso a su idioma y es momento que le demos crédito a algo que no ha existido en otro país, agregaron.
La Nación

sábado, 4 de julio de 2015

DEBILIDADES HUMANAS


"Deficiente" es aquel que no logra modificar su vida, aceptando las imposiciones de otras personas o de la sociedad en la que vive, sin tener conciencia de que es dueño de su destino.

"Loco" es quien no busca ser feliz con lo que posee.

"Ciego" es aquel que no ve a su prójimo morir de frío, de hambre, de miseria, y sólo tiene ojos para sus míseros problemas y pequeños dolores.

"Sordo" es aquel que no tiene tiempo de oír el desahogo de un amigo o la llamada de un hermano, pues está siempre ocupado trabajando y quiere garantizar su salario a fin de mes.

"Mudo" es aquel que no puede decir lo que siente y se esconde por detrás de la máscara de la hipocresía.

"Paralítico" es quien no puede andar en la dirección de aquellos que necesitan de su ayuda.

"Diabético" es quien no puede ser dulce.

"Enano" es quien no sabe dejar crecer al amor.


Y, finalmente, la peor de las deficiencias es ser miserable, pues "Miserables" son todos los que no quieren hablar con Dios.



lunes, 29 de junio de 2015

¿A quiénes mata el aborto?


El aborto mata. En una clínica o en el propio hogar, a través de pastillas o con instrumentales “médicos”, hay quienes deciden terminan con vidas diminutas, pequeñas, indefensas, hambrientas de cariño.

        El aborto mata a miles, millones de embriones y fetos. Los mata precisamente en el seno materno, en un rincón maravilloso en el que todos los adultos hemos transcurrido los primeros meses de nuestra vida humana. Los mata muy cerca del corazón de sus madres: madres que deciden libremente o que son obligadas a acabar con la vida de sus hijos.

        El aborto mata, por eso mismo, a multitud de madres. No con una muerte física, no con heridas corporales. La mujer sabe, mejor que nadie, que quien vive en su seno es un hijo. Un hijo pobre y débil, un hijo necesitado de calor, de alimento, de protecciones, de cariño. Un hijo que avanzaba, de etapa en etapa, hacia el día estupendo de un parto magnífico. Un hijo que no llegará nunca a abrazar a su madre...

        Una madre, al abortar, ve surgir dentro de sí un dolor inmenso que corroe el alma. Porque tal vez la engañaron al decirle que el aborto era algo sencillo, que no pasaba nada, que el embrión no merecía ningún respeto. Porque, a pesar de tanta mentira, el recuerdo de haber permitido la eliminación del hijo queda como una marca profunda, imborrable, trágica.

        Las mujeres que han abortado llevan consigo una pena profunda, que es de ellas y que es, en cierto sentido, de toda la sociedad. Su dolor implica a las autoridades públicas, a los profesionales de salud, a la sociedad entera que no sólo no fue capaz de ayudar a estas madres en un momento difícil, sino que incluso promovió leyes y abrió clínicas donde el aborto fuese “fácil” y “seguro”...

        El aborto, por lo tanto, nos mata un poco a todos. Sobre todo, al personal sanitario. Si hay algo específico de la profesión médica es precisamente el estar orientada a la protección de la vida, el compromiso por ofrecer cuidados al enfermo, la acogida respetuosa de cada ser humano en las distintas etapas de la vida.

        Especialmente los ginecólogos saben lo hermoso y bello que es acompañar a unos esposos, a una madre, en los distintos meses de embarazo. Por eso también saben cuánto pueden hacer para proteger al embrión y al feto, cuánto animan y apoyan a la madre en los momentos difíciles. Pero si un ginecólogo queda contagiado por la mentalidad abortista, o incluso si llega a cometer el crimen del aborto, traiciona su vocación al aceptar una injusticia asesina: permite que muera en su propia conciencia el respeto a la justicia y a la ética médica.

        El aborto es uno de los crímenes más terribles que hiere a la sociedad de nuestro tiempo. No podemos pensar que un estado sea justo si admite, si legaliza, si financia la eliminación del hijo no nacido. No podemos vivir tranquilos si quizá en la propia ciudad, una o varias veces por semana, un grupo de mujeres pasan, en silencio, entre lágrimas, ante un equipo médico decidido a terminar rápido con la vida de hijos indefensos.

        Todos estamos llamados a romper el silencio ante la injusticia que ha permitido ver como normal uno de los crímenes más terribles. Sobre todo, estamos llamados a promover familias y sociedades abiertas al respeto y, sobre todo, al amor. Sólo entonces tendremos democracias auténticas y justas, sociedades capaces de proteger el tesoro más hermoso que acoge cada mujer en el camino de su vida: la llegada de un hijo amado. Un hijo que, desde el cariño recibido, podrá también un día devolver amor a quienes se lo ofrecieron en esos magníficos meses vividos en el seno materno.

Fernando Pascual, L.C. AutoresCatolicos.org


viernes, 29 de mayo de 2015

El amor que no se da, se pudre



Una niña sufría por las riñas y conflictos diarios de sus padres. Un día acompañó a su madre al cementerio y quedó sorprendida.
“Mamá, le dijo, todas las tumbas está llenas de flores, y en todas se lee lo mismo: ‘A mi querido esposo’, ‘A mis queridos padres’... ¿Es que tenemos que morir para empezar a amarnos?”.

El amor hay que demostrarlo en la vida, no esperar a que la muerte arrebate todas las oportunidades. Amar lleva consigo entregarse, dar la vida. El amor que no se da, se pudre. Amar no es dar cosas, es entregarse uno mismo. El que ama no debe poner los pies en la luna y los ojos en las estrellas, sino mirar bien abajo y pisar con firmeza la realidad diaria.

Muchos se sienten emocionados al escuchar una bonita historia de amor. Se confunde con demasiada frecuencia el amor con el sentimiento.
“A lo largo del camino que lleva al amor, muchos se detienen seducidos por los espejismos del amor: Si te emocionas hasta las lágrimas ante un sufrimiento, si sientes palpitar fuertemente tu corazón ante tal o cual persona, no es amor, sino sensibilidad.

Si te dejas prender en su poder apacible o en su encanto;
si, seducido, te abandonas, no es amor, sino una rendición.
Si, turbado, te extasías ante su belleza y la contemplas para gozar de ella; si su espíritu te parece distinguido y buscas el placer de su conversación, no es amor, sino admiración.

Si quieres a toda costa conseguir una mirada, una caricia, un beso; si estás dispuesto a todo por tenerla entre tus brazos y poseer su cuerpo, no es amor, es un deseo violento nacido de tu sensualidad. Amar no es sentir emoción por otro, sentir afecto sensible por otro, abandonarse a otro, admirar a otro, desear a otro, querer poseer a otro y a los otros”. (Michel Quoist)

No se puede jugar con el amor, ni se puede confundir con un momento de deseo o de pasión.
Sólo el amor maduro va más allá de los arrebatos, no teniendo nada que ocultar y respondiendo a todos los interrogantes.
“No envenenes mi amor; amar es otra cosa...
No profanes la rosa si no sabes de olor...
Otra cosa es amor, mucho, mucho mejor...
No deshojes la flor si te amas a ti misma…
Amor, que es egoísmo, no puede ser amor...
Otra cosa es el amor...
Claridad, ilusión, risa, confianza en ti; ver que tu corazón es sólo para mí...
Saber que el sol, las flores, la vida es de los dos y que nuestros amores se confunden con Dios”. (Santiago Martínez)

El amor pone vida en todo.

Para el que ama, todo sabe a vida.

Padre Eusebio Gómez Navarro OCD



domingo, 17 de mayo de 2015

Apellidos

En muchos pueblos y culturas los apellidos recogen una historia familiar. Sirven para saber quiénes fueron nuestros padres, abuelos, bisabuelos, y una larga lista de antepasados. Nos sitúan dentro de un camino de generaciones humanas.

        En el pasado de cada uno hay hombres y mujeres ilustres o desconocidos, ejemplares o delincuentes, santos o pecadores. La lista es inmodificable: nadie puede destruir lo que ha sido su historia. Sin aquel eslabón, hermoso u oscuro, no sería posible caminar hoy entre los vivos.

        Por eso el apellido encierra un significado rico y misterioso. A través del mismo evocamos un pasado en el que se conjugan aspectos sorprendentes, también aquellos que pueden desconcertarnos. Quisiéramos que todo hubiera sido brillante y hermoso, pero las manchas oscuras dejan una extraña sensación de pena. ¿No pudimos haber tenido una historia diferente y más hermosa?

        Cada apellido encierra, por lo tanto, un misterio. Hombres y mujeres amaron y odiaron, brillaron por sus virtudes o fueron tristemente famosos por sus defectos. En la lista de generaciones, un día se produjo el nacimiento de cada uno de nosotros.

        Por eso al acoger un apellido asumimos una historia. No somos culpables de la misma, si hay, y casi siempre los habrá, antepasados llenos de miserias. Ni somos merecedores de sus cualidades, si hay, y casi siempre los habrá, antepasados que brillaron por sus virtudes.

        De ahí nace un sano respeto por el propio apellido y por el apellido de otros. Porque una persona concreta no es ni mala ni buena por los apellidos que tenga, ni merece ser aplaudida o ridiculizada por la belleza o la extrañeza de esas palabras que la conectan con su pasado.


        Todo apellido merece, por lo mismo, nuestro respeto. En la larga cadena de las generaciones humanas, nos permite entrever ese misterio insondable de la libertad. Con ella algunos han llegado a cometer delitos inconfesables, mientras que otros han escrito páginas muy hermosas de la historia humana. ¿Qué página podemos escribir los hombres y mujeres de nuestra generación? 
Fernando Pascual, L.C.

viernes, 15 de mayo de 2015

Todas las profesiones del mundo resumidas en una sola: ¡Mamá!


Siempre las mismas palabras, siempre las mismas cartas cliché, siempre decimos lo mismo de ti, mamá.

Pero estoy segura de que hay algo que no hemos dicho, porque en ti hay grandeza, una grandeza que no se agota en uno o en mil días de la madre.
Hoy eres la misma que ayer, eres la misma que hace dos o 10 siglos; porque cuando miras en tu interior y te das cuenta de que llevas una nueva vida, es entonces cuando tú, mujer querida, te transformas en la nueva arca de la alianza.

Te conviertes en alumna, porque con nuestras preguntas, somos nosotros, tus hijos, quienes te enseñamos lo más sencillo y lo más profundo, aquello que habías olvidado por su pequeñez, pero que constituye la grandeza de la vida.
Te conviertes también, madre querida, en profeta y en vidente. ¡Qué no darías tú por evitarnos descalabros! Y así, te esfuerzas en adivinar el futuro: Te vas a caer y te vas a pegar con esa mesa, para un segundo después abrazarnos y decir dulcemente, sin reproche: ¡te lo dije!, ¡ya lo sabía yo!, mientras enjugas nuestras lágrimas.

Te transformas mágicamente en doctora, enfermera y paciente, todo a la vez. Curas corazones rotos, limpias rodillas heridas y tienes una paciencia, mamita linda, que ni Santa Teresa hubiera soñado un segundo antes de decir aquello de la paciencia todo lo alcanza.

Con sólo quererlo, puedes ser payaso, cantante, y literata. Si el niño llora, ¡hay que hacerlo reír a como dé lugar! Te paras de manos, le haces caras, pones los ojos bizcos, haces trompetillas, y cuando el pequeño esboza una sonrisa, te sientes la mujer más dichosa, porque te sonrió a ti, porque esa sonrisa vale más que un diamante.

Aunque tengas la peor voz del mundo, mamita querida, entonas toda suerte de melodías para tranquilizarme y divertirme. Has practicado tanto que de seguro ganarías en American Idol o tal vez no, pero ganas la batalla del llanto y de la impaciencia, de vez en vez.

También eres literata. Mamita, cuéntame un cuento, y por ¡sólo Dios sabe cuantas veces más!, alimentas el alma y la imaginación de tu pequeño con esos cuentos que sólo tú sabes contar, porque nadie más que tú los conoce, pero que son tan ricos en enseñanzas y en virtudes.

Te conviertes en abogada, diplomática y sindicalista. Intercedes por el pequeño travieso para que papá no se vaya a enojar mucho por la más reciente diablura; eres tú la que negocia entre los hermanitos en pleito, con sabiduría y justicia salomónicas y también sabes entrar en huelga cuando los chiquillos no recogen sus juguetes: frunces el ceño y no te mueves hasta que todo está guardado y en su lugar.

Tienes un raro don para transformarte en ingeniero y arquitecto. ¡Cuántas veces terminas montando tú los juguetes que los abuelos le regalaron a tus hijos! ¡Cuántas veces llega llorando el pequeño para acusar a su hermano: mamá, mamá, mi hermano destruyó mi puente, y tú corres a remodelar la destruida vialidad!

Eres una chef de lo mejor. Esas zucaritas con leche que todas las mañanas tienes preparadas, son una delicia gastronómica; y ni hablar del lunch para la escuela: ¡es tan rico que todos los niños quieren probarlo! ¿Me das?.

Eres una excelente astronauta. Cuando te acercas a ver dormir a tu pequeño, te sientes como en la luna, tanta ternura te causa pero sobre todo, ¡cuánta satisfacción!: mi hijo hermoso, ¡mío!... ¡y por fin un momento de silencio!.
Mamita, eres la mejor publicista y mercadóloga que he conocido en toda mi vida. Eres experta en lograr que nos decidamos por el juguete más barato, a pesar de que nosotros, tus hijos, queramos uno más sofisticado. Nos vendes la idea de una manera magistral, y terminamos pidiendo siempre lo que tú nos sugieres.

Mira hijito, ese juguete se te va a romper rapidísimo. Es chafa y está muy feo, ¡qué horror! En cambio mira este qué mono, ¡hasta tiene musiquita! No, no, no y mira, ¡se mueve! Definitivamente, éste es el que te conviene.
Eres la mejor chófer que un exigente cliente pueda solicitar. Llevas a tus hijos a la escuela, y aunque salgan de casa con retraso, o haya mucho tráfico, nunca, pero nunca, llegan tarde a clase.

Incluso llegas a ser mística, mamaíta adorada. Cuando ya no puedes hacer nada, siempre te queda el último recurso: rezar. Tienes tu rosario desgastado de tantas veces que lo has usado para pedir por mí por tu hija ¡y de cuántas me has librado con tu oración!

Por eso hoy no quiero agradecerte, quiero bendecirte a ti, mamá soltera, porque fuiste increíblemente valiente al decidirte a tenerme aunque papá no quiso casarse contigo y te sugirió abortar; porque me sacaste adelante cuando papá murió, y me diste todo el cariño de madre y padre.
Te bendigo, madre, porque aunque papá era malo y te pegaba, tú siempre me protegiste a mí, y nunca te desquitaste conmigo; porque a pesar de que aún eras una niña, decidiste convertirte en mujer para darme la oportunidad de, algún día, tener el privilegio de ser madre, como tú.
Quiero bendecirte también, querida mamá soltera, porque aunque te violaron y tus familiares te decían que tenías el derecho de no tenerme, me amaste tanto que decidiste darme la vida y ser mi compañera, mi amiga, mi confidente, mi ejemplo, mi mamá.

Te bendigo, mamaíta buena, porque has dedicado tu vida entera a cuidarme, a tu hijito que está enfermito. Y aunque no puedo decírtelo, estoy seguro de que tú sabes que has llenado mi corazón de felicidad y de amor. ¡Qué haría sin ti, mamá!

Y tú, abuelita querida, tú que cuando murió mi mamita, o cuando me abandonó o me descuidó, me cuidaste y me criaste como a un hijo más a pesar de que estabas cansada y creías ya no tener fuerzas para lidiar con un adolescente rebelde ¡tú eres doblemente madre, y también a ti te bendigo!
O simplemente cuando me diste tu amor y tu consejo, además del que ya me daba mi madre, abuelita, cuando me contabas todos los cuentos que les habías contado a tus hijos y me hacías comprender por qué mi mamita es como es, ¡tan parecida a ti!

Te bendigo, madre de mi alma, porque aunque no soy carne de tu carne y sangre de tu sangre, me diste la oportunidad de llamarte mamá, me diste una familia, me diste amor, me diste la vida de mi alma, tú, mamá adoptiva... No importa que te digan así; para mí, eres la mejor mamá del mundo.
También te bendigo a ti, mamá, porque aunque decidiste no quedarte conmigo y darme en adopción, me diste la vida, una oportunidad para ser alguien, una oportunidad para, algún día, decirte: mamá


Nunca fue tan bella la palabra mujer como cuando se hizo madre.


http://webcatolicodejavier.org/madre.html
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