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"El Señor no mira tanto la grandeza de las obras como el amor con que se hacen." Santa Teresa de Ávila
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miércoles, 27 de abril de 2016

8 pasos para terminar con las palabrotas


Es fácil dar consejos del tipo "hablando se entiende la gente" pero cuando la grosería y las palabrotas se producen como una falta de respeto hacia los padres, puede resultar difícil manejar las emociones.
Aún así, lo más aconsejable es no devolver golpe por golpe, porque entonces estaríamos confirmando la validez de ese modo de comunicación. Pero esto no quiere decir que debamos permanecer impasibles.
1. Podemos decir algo como "Ya veo que estás muy enfadado, pero eso no te permite usar esas palabras. Vete a tu cuarto y, cuando estés dispuesto a ser más respetuoso, seguiremos hablando".
2. Después, es lícito decirle que su modo de expresarse nos ha dolido o contrariado, y que tales expresiones no son adecuadas, mucho menos en familia. Acto seguido lo mejor es enfocar el incidente constructivamente, como un problema que hay que tratar de solucionar. "Si me has dicho eso, supongo que es porque estás enfadado (o enfadada). Es normal que no siempre estés de acuerdo conmigo o que a veces te moleste obedecerme. Siempre podemos dialogar, pero es necesario hacerlo sin perderse el respeto. Piensa en otras maneras de decirme que no estás de acuerdo conmigo o que te sientes mal".
3. A continuación se puede discutir seriamente sobre los modos posibles de decir las cosas sin faltar al respeto. Hay que mostrar una actitud comprensiva y cooperadora, lo que no implica ser débil. El niño debe saber cuáles serán las consecuencias para él si no se expresa de una manera aceptable. Pero también hay que felicitarle en lo sucesivo cuando lo haga adecuadamente.
4. Por nuestra parte, tenemos que tratarle siempre de forma que sea un modelo de respeto para él, hablándole como deseamos que él nos hable a nosotros.
Predicar con el ejemplo
5. Los padres no estamos libres de perder el control alguna vez y tratar al niño con desconsideración, quizás incluso como respuesta a una desconsideración suya. Hay que disculparse y buscar soluciones: "Lo siento, cuando me faltas al respeto me pongo furioso y ya ves lo que pasa. Vamos a ver cómo evitamos que vuelva a suceder". Puede ser una buena oportunidad para tratar constructivamente el tema y dejar que el hijo opine al respecto.
6. El trato desconsiderado suele encubrir una falta de habilidad para comunicarse de un modo constructivo. Es buena ocasión para reflexionar si es conveniente dedicar más tiempo a nuestros hijos y hacer más cosas juntos. La cercanía afectiva suaviza tensiones y facilita el inculcar normas de conducta.
7. Incluso podemos reconocer que, cuando éramos niños, respondíamos algunas veces mal a nuestros padres y que a todo el mundo le puede pasar, pero que es necesario evitarlo. En los días sucesivos, conviene estar alerta y felicitarle por sus progresos.

8. Quizás sea oportuno también organizar una reunión familiar y establecer entre todos unas reglas de comunicación que incluyan el ser capaces de decir a los demás cómo nos sentimos sin insultarnos ni tratarnos de un modo hiriente o desconsiderado.


serPadres

domingo, 24 de abril de 2016

Juventud


La juventud no es una época de la vida; es un estado mental.
No consiste en tener mejillas sonrosadas, labios rojos y piernas ágiles.
Es cuestión de voluntad; implica una cualidad de la imaginación; un vigor de las emociones; es la frescura de las profundas fuentes de la vida.

Juventud es el dominio temperamental del arrojo sobre la pusilanimidad de los apetitos; del ímpetu aventurero sobre el apego a la comodidad.
Esta actitud a menudo se encuentra más en un hombre de 60 años que en un muchacho de 20. Nadie envejece meramente por el número de años que ha cumplido. Envejecemos cuando desertamos de nuestros ideales.

Los años pueden arrugar la piel; pero cuando se renuncia al entusiasmo le salen arrugas al alma. Las preocupaciones, el temor, la falta de confianza en uno mismo, encogen el corazón y aniquilan el espíritu.

Lo mismo a los 60 que a los 16, en todo corazón humano palpitan el ansia por lo maravilloso y el constante apetito
–como de niño– por lo que ha de venir y la alegría inherente al juego de la vida.
En el centro del corazón –del tuyo y del mío– existe una estación de radio.
Mientras reciba mensajes de belleza, esperanza, alegría, valor y fuerza, tanto de los hombres como del Infinito, seguirás siendo joven.

Cuando se abatan tus antenas, cuando las nieves del cinismo y el hielo del pesimismo cubran tu espíritu, entonces sí habrás envejecido, aunque sólo tengas 20 años. Pero mientras tus antenas sigan en alto, dispuestas a captar las ondas del optimismo, hay esperanzas de que mueras joven, aun cuando seas un octogenario.


Samuel Ullman

                                

viernes, 1 de abril de 2016

Cuando engañas, ¿a quién engañas?

  • El infiel cree que tiene el poder, que es quien maneja la situación. Sin embargo no deja de buscar excusas para lidiar con la realidad.
    El infiel cree que tiene el poder, que él es quien maneja la situación. Sin embargo no deja de buscar excusas para lidiar con la realidad. Que si es porque no pudo decir que no, que si su pareja no le presta la debida atención, que la relación no atraviesa un buen momento: cualquier cosa que le ayude a apaciguar su espíritu.
    Lo que me lleva a preguntarme: cuando engañas, ¿a quién engañas? La infidelidad daña a quien la sufre, pero por sobre todo deja claro una cosa sobre quien la comete, que es una persona dañada. ¿Alguna vez te has puesto a pensar en lo que el adulterio dice acerca del adúltero?:
  • Las infidelidades han existido desde siempre. El noveno mandamiento, en Éxodo 20:17 lo dice claramente: "No desearás a la mujer de tu prójimo", poniendo de manifiesto no sólo la realidad de su existencia, sino la necesidad de contenerla. El problema es que los seres humanos no nos caracterizamos precisamente por nuestro buen juicio.
  • 1. Te cuesta asumir que mereces ser feliz

    Quizá pienses que no sé de lo que hablo, pero dime tú: si la infidelidad te puede llevar a perder a tu familia, entonces ¿cómo llamarías al hecho de que tú mismo estés saboteando lo más valioso para ti?
  • 2. No sabes lo que quieres

    A qué otra conclusión llegar, si pese a que te comprometiste en una relación, no dejas de buscar a otras personas, sino a la respuesta lógica de qué no tienes idea de qué es lo que quieres.
  • 3. Eres egoísta

    Si lo haces porque tu relación ya no tiene la emoción de cuando iniciaron y ese es tu argumento, déjame decirte que todos en algún punto pensamos lo mismo. Optar por el engaño sólo habla de una cosa: ¡Egoísmo!
  • 4. Padeces de cobardía

    Si no estás a gusto con lo que tienes, pero no te atreves a alejarte, es simple, se llama cobardía. Una persona valiente reconoce sus sentimientos y asume las consecuencias.
  • 5. No sabes manejar tus emociones

    Por supuesto que todos vemos personas más atractivas o más jóvenes que nuestras parejas en la calle, pero no andamos iniciando una relación con todo mundo. El hecho de que tú no lo hagas sólo habla de que no tienes la madurez para manejar tus instintos.
    Muchos ven en la infidelidad una cuestión de crianza, y sobre todo los hombres la asocian a la masculinidad, así un hombre infiel se ve a sí mismo como viril, irresistible seductor, pero la realidad es otra. Un hombre o una mujer infiel es una persona que no valora lo que tiene, que no respeta la palabra empeñada, y que no tiene reparo en arriesgar el amor de su pareja, ni la unión de su familia.
    No se trata de ungirnos como estandartes de la moralidad: cada quién es dueño de su vida. Lo que no se vale es hacerlo a expensas de la vida de otros, pedir para uno el respeto que no somos capaces de dar, y basar las relaciones en la mentira, la alevosía y la ventaja de una doble vida, pero sobre todo de una doble moral. Entonces, ahora sí dime: ¿a quién engañas cuando engañas?

Yordanka Pérez Giraldo, Cubana de nacimiento, mexicana por elección.
Sitio Web: @YordankaGiraldo


lunes, 28 de marzo de 2016

martes, 8 de marzo de 2016

5 Retos que tienen los padres de hijas

Foto: Pixabay.com  

Educar hijos varones no es lo mismo que educar chicas. Hombres y mujeres tienen diferentes necesidades educativas, cada uno en su naturaleza lleva marcadas unas características propias. Así que esta vez en LaFamilia.info hablaremos de los retos que tienen los padres en la educación de las mujeres, aprovechando la celebración de su día, el 8 de marzo.

En cuanto a la educación afectiva de las hijas, debes tener especial atención en los siguientes aspectos:

1. Refuérzale su autoestima y seguridad desde pequeña

La naturaleza femenina lleva marcada la necesidad de vigorizar el autoconcepto y la seguridad en sí misma, de ahí que la mujer solicite la aceptación de los otros y algunas veces reclame más atención de lo que conviene. Hay que trabajar por lo tanto en el amor propio para que ellas se acepten tal como son, y así evitar que caigan en situaciones desfavorables como desórdenes alimenticios, adicciones, entre otros; y de esta manera le hagan frente al bombardeo publicitario al que son sometidas desde muy pequeñas, lo que fomenta aún más sus inseguridades. (Leer también: La autoestima de tu hija: claves para fomentarla)

No olvidemos que un proceso educativo exitoso es aquel que comienza a aplicarse de manera preventiva, por eso la autoestima debe ser prioridad desde la niñez en la formación de las niñas. Un buen trabajo en la infancia, hará que la adolescencia sea llevada dentro de los parámetros normales.

2. Transmítele un adecuado concepto de vanidad y belleza

Si hay algo que determina la identidad femenina, es la belleza y la sensibilidad hacia lo estético. La mujer es bella en sí misma, por eso, estos dos aspectos no han ser catalogados como “buenos” o “malos”, lo importante es encontrar el punto medio entre el cultivo de la belleza física y la espiritual.

Asimismo, los padres deben transmitir a sus hijas -desde niñas-, la idea que la belleza interior prima sobre toda estética externa. Quien no es feliz, no irradia belleza. Por eso se debe reforzar la enseñanza de valores y virtudes como contra respuesta a las falsas fuentes de felicidad.

3. Enséñale que el manejo de su cuerpo comunica muchas cosas...

La coquetería es un arma estupenda exclusiva de la mujer, pero cuando pasa a ser insinuación ya hablamos a otras instancias… Insinuarse con las miradas, con los gestos, con el vestido, con las palabras, no son adecuadas ni propias de su feminidad. “Hay que enseñarle a la hija a prevenir una coquetería excesiva, que le lleve a pretender llamar la atención todo el día... Pero no debemos quedarnos sólo en eso: hay que llegar al fondo y demostrarle que ser mujer es un don, un privilegio, y que ella puede y debe desarrollar su talento y genio femenino, pues los tiene en abundancia.” *Del artículo “Femineidad: Mujercitas” publicado en Encuentra.

4. Dale las herramientas para controlar sus emociones

La sensibilidad y los sentimientos que caracterizan a la mujer, son puntos que pueden aprovecharse a su favor o convertirse en su "talón de Aquiles", en especial en las relaciones interpersonales. Es clave enseñarles por tanto, a construir buenas amistades, a superar las situaciones, a evitar ser el centro de atención, a dramatizar las emociones, a no cultivar sentimientos negativos, y en cambio reforzar el perdón, la empatía, la comprensión. En pocas palabras: ¡enséñale inteligencia emocional!

5. Muéstrale lo maravilloso de la maternidad

Es una tarea que pertenece a la madre. Incentivar en su hija el amor por la maternidad, tan esquiva en este momento donde priman otros intereses -formación académica, competitividad laboral, prestigio, independencia económica, culto al cuerpo, etc.- ayudan a que ella tome conciencia del regalo tan grande que implica el hecho de poder engendrar vida.


jueves, 3 de marzo de 2016

Hacer el amor es ...


Cuando pones la mano en su hombro, frente a la cama de tu hijo y le dices:
“no te preocupes, te amo”.

Cuando ven salir juntos el sol, y con cada amanecer sienten renovado ese amor que nació con un "te amo".

Cuando tienen problemas económicos, los enfrentan juntos y aún en la adversidad le dices: "no te preocupes, te amo".

Cuando al llegar a casa del trabajo, sientes el confortable abrazo y el dulce beso de esa persona que con un "te amo" acelera tu pulso y sientes que el corazón te late más aprisa.

Cuando en la madrugada sienten la preocupación por el hijo que no ha llegado y en la cama sientes una voz que dice: "no te preocupes, te amo".

Cuando van a tener un hijo y en el momento del parto sientes sus manos y su voz que te dice: "te amo".

Cuando ven crecer juntos a sus hijos y a tu lado sientes la misma voz que hace años te enamoró con un "te amo".

Hacer el amor es caminar juntos en la vida, superando los obstáculos que la misma vida les pueda presentar; es crecer juntos, espiritual e intelectualmente, evolucionar unidos, fortalecer los lazos en común con esos pequeños detalles que algunas veces nos parecen tontos e insignificantes, pero que sin embargo son tan importantes para evitar la rutina, que es la más cruel enemiga del amor.

Cuando te sientes triste, cuando te sientes feliz, cuando te sientes deprimido, cuando te sientes enfermo, cuando te sientes en salud y siempre sientes a esa persona a tu lado, diciéndole tú: "te amo" y ella respondiendo: "yo te amo más"... en esos momentos puedes decir: "he hecho el amor".

Hacer el amor es llegar al final de tu vida al lado de esa persona que hace años te conquistó y que te ha hecho sentir el ser más feliz  y dichoso sobre la tierra. 

Adriana Cantú

http://www.celebrandolavida.org/Principal.htm



...dedicado a  Maginia y Justo 


jueves, 25 de febrero de 2016

¡NO TENGAS MIEDO MI AMOR!


Ha sido un placer verte crecer, sonreír, vivir
¡Quisiera siempre verte feliz!
Pero sé que en este camino no todos los amaneceres serán placenteros.

¡No tengas miedo mi amor!… Aquí siempre estaré yo.
Sé que al llegar la noche, la oscuridad te pueda asustar
Pero recuerda que mamá siempre estará para darte tranquilidad
Mis brazos te consolarán, velaré tus sueños para que puedas descansar.

¡No tengas miedo mi amor!… Aquí siempre estaré yo
Sé que alguna experiencia nueva te pueda causar temor
Cuando veas al mundo diferente, con nuevos matices y colores
Y sueltes mi mano para enfrentar nuevas sensaciones.
No tengas miedo mi amor... Aquí siempre estaré yo
Sé que algún día te lastimaran,
Herirán tus sentimientos y te harán llorar
Y aunque eso no lo pueda evitar


¡No tengas miedo mi amor!… Aquí siempre estaré yo.
Aunque quisiera nunca verte sufrir, ¡no temas equivocarte!
Vive nuevas aventuras, disfruta al mundo
y enfrenta lo desconocido
Vive intensamente, ten por seguro que en mis brazos
siempre podrás refugiarte
Así que, ¡no tengas miedo mi amor!…
Aquí siempre estaré yo.


https://www.facebook.com/escuelaparapadresaaprendiendoconamor/?fref=nf

miércoles, 24 de febrero de 2016

FELIZ DÍA, HEROICA MUJER PARAGUAYA



Un día como hoy, 24 de Febrero de 1867, En una reunión participaron mujeres de la capital y el interior que, de común acuerdo, decidieron reunir sus joyas y alhajas para ayudar a la causa de la Guerra de la Triple Alianza.

La Mujer Paraguaya entregó primeros sus joyas, luego a sus hijos y cuando faltaron brazos para defender a la Patria, la Mujer Paraguaya tomo las armas y lucho al lado de heridos y ancianos contra el invasor.

Consumado el gran holocausto de Cerro Corá, las heroínas de la guerra trocaron sus fusiles y sus lanzas en rústicos arados, y con sus manos callosas y sus febriles miradas sedientas de paz, reconstruyeron la Patria en ruinas.

Es de imaginarse lo que era levantar un país desbastado, en que hasta los niños, como los mártires de Acosta Ñú, pagaron su tributo de heroísmo.

Por eso, cuando surge de los escombros de aquel cuadro desolador la primera abanderada para la gran obra de la reconstrucción, no podemos recordar sino con profunda emoción a la Mujer Paraguaya


Salud Mujer Paraguaya! Rara mezcla de bravura y ternura!








lunes, 22 de febrero de 2016

Los dos sacos


Hay una antigua leyenda acerca de tres hombres, cada uno de los cuales cargaba dos sacos sujetos a sus cuellos, uno al frente y el otro a sus espaldas.

Cuando al primero de ellos le preguntaron qué había en sus sacos, respondió:

"Todo cuanto de bueno me han dado mis amigos se halla en el saco de atrás, ahí fuera de la vista, y al poco tiempo olvidado."

El saco de enfrente contiene todas las cosas desagradables que me han acontecido y, en mi andar, me detengo con frecuencia, saco esas cosas y las examino desde todos los ángulos posibles. Me concentro en ellas y las estudio. Y dirijo todos mis sentimientos y pensamientos hacia ellas.

En consecuencia, como el primer hombre siempre se estaba deteniendo para reflexionar sobre las cosas desafortunadas que le habían sucedido en el pasado, lo que lograba avanzar era muy poco.

Cuando al segundo hombre le preguntaron qué era lo que llevaba en sus dos sacos, contestó: "En el saco de enfrente están todas las buenas acciones que he hecho. Las llevo delante de mí y continuamente las saco y las exhibo para que todo mundo las vea. Mientras que el saco que llevo atrás contiene todos mis errores. Los llevo conmigo a dondequiera que vaya. Es mucho lo que pesan y no me permiten avanzar con rapidez, pero por alguna razón, no puedo desprenderme de ellos."

Al preguntarle al tercer hombre sobre sus sacos, dijo: "El saco que llevo al frente está lleno de maravillosos pensamientos acerca de la gente, los actos bondadosos que han realizado y todo cuanto de bueno he tenido en mi vida. Es un saco muy grande y está lleno, pero no pesa mucho. Su peso es como las velas de un barco: lejos de ser una carga, me ayudan a avanzar. Por su parte, el saco que llevo a mis espaldas está vacío, pues le he hecho un gran orificio en el fondo. En ese saco, puse todo lo malo que escuché de los demás así como todo lo malo que a veces pienso acerca de mí mismo. Esas cosas se fueron saliendo por el agujero y se perdieron para siempre, de modo que ya no hay peso que me haga más penoso el trayecto."

De vez en cuando, conforme cada uno de nosotros avanzamos por el sendero de la vida, debemos examinar qué es lo que llevamos cargando. ¿Nos abruma el peso de los pensamientos negativos que tenemos de nosotros mismos, o bien se trata de todo un fardo de temores que nos dicen que no estamos a la altura de cierto estándar artificial; acaso una serie de escudos protectores y armaduras psicológicas que nos impiden relacionarnos con los demás de manera libre y sincera?. ¿Llevamos a cuestas todo el peso de las malas acciones que hemos recibido de parte de amigos y familiares, y que nos han afligido en el pasado?.

¿O bien el peso de todas esas falsas lecciones que nos enseñan a detectar cualidades indeseables en los demás y luego darle la espalda a la persona en cuestión una vez que identificamos una de tales características?.

Cada uno de nosotros nace con la libertad de seleccionar aquellos pensamientos que habrán de dirigir nuestras vidas. Nosotros elegimos la senda que queremos recorrer. Y tenemos la capacidad de elegir lo que hemos de llevar en el trayecto.

Los pensamientos y actitudes negativas nos abruman, hacen que nuestra travesía por la vida resulte más difícil. Todo pensamiento que alojamos en nuestra mente afecta los razonamientos, sentimientos y acciones que manifestamos.

Si alimentamos pensamientos negativos, nuestras acciones van a ser negativas y, a su vez, resultados negativos serán los que obtendremos a cambio.

Sin embargo los pensamientos positivos propician resultados positivos y la vida se vuelve una aventura feliz, motivante, en la que podemos vernos y ver a los demás a la luz de lo que somos en realidad. De pronto nos damos cuenta de que cada uno de nosotros es una expresión maravillosa y misteriosa de la vida.

Según escojas tu pensamientos podrás crearte el cielo o el infierno en la tierra... Pídele ayuda al Señor para que actúes como el tercer hombre de este relato. 


http://webcatolicodejavier.org/losdossacos.html

lunes, 30 de noviembre de 2015

Errores que cometen las suegras y nueve consejos


Foto: Pixabay

Así como hablamos en un artículo sobre cómo llevarse bien con los suegros, también es importante conocer las características que debe tener una buena suegra, pues tantos chistes y bromas alrededor del tema, pueden tener algo de realidad... Hay errores cometidos por los padres que pueden terminar dañando la relación matrimonial de sus hijos, sin ser esa su intención.

No cabe duda que es difícil cuando los hijos se van de casa a conformar una nueva familia; no obstante, el mayor deseo de un padre es que sus hijos sean felices, así en algunos casos, no sea la vida que se hubiese querido para ellos.


Por eso, una vez que los hijos contraen matrimonio, la actitud de los padres ha de ser de acompañamiento y apoyo, no de críticas ni comentarios destructivos que perturben su armonía. De allí la importancia de conocer las actitudes que pueden llegar a afectar la vida conyugal de los hijos.  

Principales errores de las suegras

El respeto es el que debe reinar en la relación suegros – nuera/yerno, mantenerse al margen de las decisiones y del modo de vida de los hijos y sus familias. Los siguientes son los principales errores que se deben evitar a toda costa:


- Tratar de tener autoridad en el hogar del hijo.

- Criticar los gustos de la nuera en la decoración de la casa que pertenece -exclusivamente- a la pareja de casados.


- Imponer su propia manera de criar, tratar y educar a los nietos.



- Reclamar mediante comentarios subliminales que el hijo casado siga viviendo en su hogar, pues en el fondo no desea vivir la separación que implica el matrimonio de un hijo.



- Ser cómplice de todos los errores que comete el hijo y entonces se forman como dos bandos: por un lado mamá e hijo(a) y por otro, la esposa(o) quien cada vez se siente más frustrada(o) al no poder ayudar a que su pareja se corrija.



- Hacer toda clase de “maromas” para capturar la atención del hijo sin importarle que descuide su propia relación matrimonial.



Nueve grandes consejos 


Partiendo de los errores descritos, compartimos los siguientes consejos propuestos por Sylvia Villarreal desde el portal arvo.net, los cuales son muy acertados para las madres que pronto serán suegras, o para aquellas que ya lo son -nunca es tarde para reconstruir una buena relación-.

1. No juzgues. Por lo regular desde que conocemos a la pareja de nuestro hijo, nos formamos una idea en nuestra mente de cómo es. Sin embargo, busca la oportunidad para conocerla mejor y no te dejes llevar por cómo crees que ella es, ¡mejor trátala para conocerla más!


2. Pon siempre de tu parte. Por un momento, ponte en su lugar y piensa que ella/él siempre tratará de agradarte porque eres la mamá de la persona que ama; así es que tú también pon de tu parte para iniciar una verdadera amistad.

3. No te entrometas. Recuerda que los problemas de pareja son de dos únicamente. No trates de ayudar a solucionarlos porque puede resultar peor, ni mucho menos pongas a tu hijo en contra de su cónyuge. Sólo ellos podrán tomar una decisión de lo que deben hacer.



4. Dale el lugar que le corresponde. Es verdad que como madres sentimos que merecemos el amor completo de nuestros hijos, sin embargo, debes entender que ahora su pareja tiene prioridad. La idea que dice “si a este mundo no llegaron con esposa(o), primero está la madre”, es totalmente errónea. Así como tú un día lo hiciste, ellos ahora han formado una familia que está antes que nada.

5. No la hagas quedar mal. Es obvio que con tu experiencia sabes mucho más cosas que tu nuera y te queda mucho más rica la comida o mejor planchada la ropa. Pero no es necesario que se lo recuerdes siempre y mucho menos en público, ¡al contrario! Felicítala cuando decida hornear el pastel de chocolate que tanto le gusta a tu hijo (aunque no haya esponjado perfectamente). De nuevo ponte en su lugar y date cuenta de lo mal que se siente que te digan que te equivocaste, y sobre todo si se trata de tu suegra.

6. No le des consejos no pedidos. Muchas veces con la intención de ayudar aconsejamos a nuestras nueras/yernos de cómo educar a los hijos y hasta cómo tratar a nuestra pareja, pero no debe de ser así. Ellos son los únicos que tienen la completa autoridad y decisión de saber cómo actuar. Lo mejor es que esperes a que sean ellos quienes te pidan tu opinión.

7. Cuando algo anda mal... Cuando sientas que tu nuera se ha “pasado de la raya”, actúa inteligentemente y no hagas más grande el problema. Nunca vayas con el chisme a contárselo a tu hijo (es una posición difícil para él). El solo se dará cuenta tarde o temprano de lo que ocurre y sabrá qué hacer.

8. Propicia un ambiente de cordialidad. Sorpréndelos con una rica cena en casa, o proponiendo actividades juntos: un día de campo, ir de compras (sólo con tu nuera) o ir al cine.

9. Sé atenta. Cada vez que sientas que tu nuera puede necesitar ayuda (al organizar una fiesta, cuando se encuentra enferma o que acaba de dar a luz) nunca está de más que ofrezcas sinceramente tu apoyo para lo que se requiera e independientemente de la respuesta, siéntete feliz y propicia un ambiente cordial.



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