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martes, 19 de mayo de 2020

Diez problemas que debilitan a un matrimonio: al conocerlos, podemos prevenirlos y vencerlos


Foto: freepik

¿Qué pareja no tiene problemas? ¡Todas tenemos! Mentiríamos si dijéramos que la convivencia en el matrimonio no pasa por momentos difíciles, sin embargo, la forma como afrontamos esas situaciones y lo que hagamos para prevenirlas, sí con claves para construir un buen matrimonio. Un matrimonio feliz no sale sin trabajo ni sin tomar decisiones acertadas...

Los expertos del Movimiento Juan Pablo II para la Familia y de Encuentro Matrimonial Mundial, elaboraron esta lista de 10 problemas que afrontan los matrimonios: 

1. Falta de preparación

"Creí que ya con casarnos seríamos automáticamente felices…”

Es común observar en los recién casados una falta de preparación para asumir el compromiso conyugal. Y es que si bien en el noviazgo todo era complacencia, el matrimonio provoca cambios profundos y una serie de conflictos que si no se enfrentan sabiamente pueden romper la relación. Para asumir los deberes del matrimonio se requiere, además de madurez y disponibilidad, información.
Acercarse a su parroquia o acudir a un retiro espiritual puede brindarles la ayuda e información necesaria para poder decidir de forma responsable si son o no capaces de cumplir con todo aquello que se esperará de ellos en el Matrimonio.

2. Falta de solidaridad

“¡Ni siquiera lavo mi ropa… hasta crees que voy a lavar la tuya!”

Muchas personas se casan esperando que su cónyuge responda a determinadas expectativas o pueda satisfacer ciertas necesidades, y si por algo falla, no está dispuesta a comprender, ayudar, aportar lo que al otro le falta. Esto impide edificar el matrimonio como comunidad de vida y de amor en la cual no debe interesar sólo el propio bien, sino el de la pareja. Es indispensable que cada uno esté dispuesto a compartir las inquietudes y preocupaciones del otro, apoyarlo cuando lo necesite y buscar satisfacer las necesidades del cónyuge antes que las propias.

3. Falta de tiempo

“Todo el día estoy trabajando, ¿a qué hora quieres que te atienda?”

El ajetreo de la vida cotidiana provoca que muchas personas se olviden de su pareja; por ello, una manera de fortalecer el vínculo matrimonial es dedicar tiempo a la relación para mejorar el diálogo, compartir experiencias laborales, recreativas y situaciones propias del hogar. Planear con anticipación momentos para estar juntos ayuda a mantener viva la relación con el cónyuge.

4. Falta de expresiones de amor

“¡Ya nunca me hace sentir que me quiere, dice que yo ya lo sé…!”

La falta de expresiones de amor es campo de cultivo para muchos conflictos. No basta con decirlo o con expresarlo a través de regalos, aunque ayuda, se trata de tener todos los días detalles que hagan que el cónyuge sienta que se le valora, se le escucha, se le toma en cuenta, se le ama.

5. Falta de diálogo

“¡Tiene una semana que no hablo con ella!”

Los malos entendidos suceden cuando no hay comunicación y cada uno supone o imagina lo que siente el otro. Hay que partir de que el cónyuge no es telépata, por lo cual el diálogo es un elemento determinante para enfrentar los conflictos.

Gracias a él los esposos exteriorizan y comparten lo que piensan, sienten y desean. Esto permite ubicar en su justa dimensión los hechos que motivaron tal o cual situación difícil. Ello presenta un reto, porque quien descubre ante otro lo que hay en su corazón se vuelve vulnerable, pero precisamente ahí está el desafío del amor, que es entregar la propia vida al otro de forma incondicional, con amor y confianza. Al respecto hay que mencionar que quien recibe el obsequio de la confidencia, debe asumir una actitud de respeto, pues de lo contrario, puede provocar una interrupción desastrosa del diálogo.

6. Falta de respeto a su modo de ser

“Yo lo voy a cambiar…”

Hay novios que se casan pensando que podrán cambiar a sus cónyuges a su gusto. Sus expectativas son falsas y además expresan que no valoran la individualidad y dignidad de su pareja. Pero parte de la riqueza de la vida conyugal radica en aceptar que hombre y mujer puedan tener puntos de vista diferentes: sentir, pensar y amar de modo distinto. Lo importante es valorar y respetar las cualidades, aptitudes y fortalezas del otro, sin ignorar sus limitaciones y defectos, y siempre renunciar a la tentación de querer que sea de cierta manera.

7. Falta de acuerdos en lo económico

“¡Este dinero es mío, yo lo gané con mi trabajo!”

Cuando dos personas se unen en Matrimonio surge una nueva forma de pertenencia, pues lo que se tiene ahora se posee en forma comunitaria. Se elimina lo mío y lo tuyo para que surja lo nuestro. De hecho, la forma jurídica de contraer Matrimonio por “bienes separados” es una contradicción para el Matrimonio como Sacramento, que es signo y expresión de total comunión y total participación de bienes y recursos. Los cónyuges deben ser conscientes de que lo que tengan –poco o mucho- es para toda la familia y debe destinarse a lo que -en conjunto y mediante el diálogo y el entendimiento- se consideren prioridades.

8. Falta de perdón

“¡Ni creas que se me olvida lo que me hiciste!”

Pocas cosas afectan más negativamente a un matrimonio que la soberbia y el resentimiento. Albergar rencores va creando un ambiente hostil, en el que a la menor provocación se sacan a relucir conflictos pasados, se agrede al otro, se busca el desquite.

El perdón es el único camino para resolver las heridas y lastimaduras que llegan a provocarse los cónyuges en su convivencia cotidiana. Perdonar implica no juzgar ni condenar al otro sino comprenderlo. Perdonar significa también renunciar a las venganzas, grandes o pequeñas. Es un acto de liberación que beneficia tanto al que perdona como al perdonado, y que despeja el camino de todo obstáculo para que la pareja afiance su relación y edifique un matrimonio sólido y estable.

9. Falta de paz y de respeto

“¡No me grites!”

La violencia en la pareja es un problema gravísimo que afecta a muchos matrimonios. Violencia verbal, emocional y desde luego física. Nada justifica que los cónyuges se agredan. Deben aprender a dialogar con serenidad y a expresar su enojo sin lastimarse mutuamente. Si no lo consiguen es indispensable que soliciten ayuda profesional.

10. Falta de Dios

“Nos casamos por la Iglesia pero no vamos a Misa”.

Esta es la falla más importante. Muchas parejas desconocen que el Matrimonio por la Iglesia no consiste sólo en casarse de blanco en una iglesia, sino que es un Sacramento que les da una gracia divina muy especial para que tengan la capacidad de amarse mutuamente con un amor como el de Dios, generoso, entregado, total; abrirse al don de la vida y recibir los dones y virtudes que vayan necesitando para poder superar todos los obstáculos que se vayan presentando. Si un matrimonio camina sin Dios se atiene a sus propias pobres fuerzas, pero si invita a Dios a su hogar, tiene garantizado que Él los mantendrá unidos en Su amor.

*Publicado originalmente en DesdelaFe, el semanario y digital de la diócesis de México
LaFamilia.info

lunes, 23 de octubre de 2017

¿El fin de la intimidad?



Muchos definen la intimidad como un “límite entre lo público y lo privado, entre lo confidencial y aquello que puede mostrarse”- podemos decir que en numerosas ocasiones el concepto de intimidad sobrepone al de privacidad o confidencialidad. Aquí queremos resaltar que la intimidad es mucho más que lo meramente privado, “intimidad es un término que lleva implícito otro término, profundidad”.

¿Qué es la intimidad?

La definición en el Diccionario de la Real Academia Española: “Zona espiritual íntima y reservada de una persona o de un grupo, especialmente de una familia”.

“…La intimidad es una necesidad humana y un derecho natural del hombre. El término intimo viene de intimus que significa “lo más interior”. A esto es a lo que me referiré hoy, a aquello que se guarda en lo más interior. 

La intimidad es un derecho fundamental, es lo que realmente le pertenece a cada persona, es la fuerza  y señorío. Según Ilva Hoyos: “…se manifiesta en el dominio que la persona tiene sobre si misma, su vida, sus actos, su integridad física su intimidad, su honor”…

¿Qué te pertenece de tu cuerpo? Lo que guardas de la vista de los demás. ¿Qué le pertenece a tu alma? Tus pensamientos, tus sentimientos más profundos, tus amores que cuidas y compartes sólo con la persona indicada.

La intimidad está amenazada

Comparo la intimidad a un iceberg, ese témpano profundo de hielo que luce muy normal a la vista pero que es muy difícil de quebrantar. Recordemos la historia del Titanic. Cuando se ha desarrollado una intimidad profunda y fuerte, los embates de la vida se enfrentan con entereza y se mantiene la paz interior. De lo contrario cuando no se posee una intimidad sólida y profunda, esos embates resquebrajan el ánimo y pueden llevar a la persona a perder el equilibrio emocional que se requiere en los momentos difíciles. Como ejemplo puedo dar la vida de los artistas que ventilan todo a la luz pública. Muchos tienen una vida bastante infeliz y con finales trágicos.

Si la intimidad es un derecho fundamental que lo protege la Constitución, a los personajes públicos no se les respeta. Al cometer un error íntimo hacen leña del árbol caído para vender más revistas sacándoles a relucir los trapitos al sol.

Hoy más que nunca este derecho y el cultivo de la intimidad se ven amenazados, primero que todo en las redes sociales, también en programas de TV horario triple A, donde se exponen los más bajos instintos de los protagonistas. Se destapan y ventilan los sentimientos, los gustos, los disgustos de manera ordinaria y vulgar. Recordemos el refrán popular muy diciente al respecto: “La ropa sucia se lava en casa.”

¿Cuándo  se puede y debe compartir la intimidad? 

Se abre la intimidad para proteger derechos afectados al interior de la familia, ej. maltrato físico que hay que denunciar.

También cuando esa apertura redunda en beneficio personal o de otra persona: comparto mi intimidad con aquel que sufre, padece por algo que yo he sufrido y al compartir mi experiencia intima puede ayudarle a aliviar su dolor o a encontrar una solución.

Cuando visitamos el médico, el sacerdote, el psiquiatra y abrimos nuestra alma, nuestro corazón buscando una cura.

La compartimos con la persona amada de corazón. 

En los ratos de oración con Dios es cuando se crece y fortalece la intimidad.

Hablando del tema, mi amiga Lucía, me envió el siguiente texto: “La parte más intima de una mujer no la tendrás nunca mientras la desnudas, la tendrás mientras la escuchas. La parte más intima de una mujer, la tendrás cuando toques un punto que nunca nadie más ha tocado así: su alma.”


Desarrollar, fortalecer, cuidar, guardar y proteger esa intimidad es una tarea que todo padre de familia debe aprender y enseñar a sus hijos desde pequeños porque esto posibilita el desarrollo integro de la personalidad. Ese cultivo de la intimidad ampliará su capacidad para relacionarse con los demás de manera armónica, le enseñará a confiar y a creer en el otro.


lunes, 14 de agosto de 2017

Los 7 acuerdos que protegerán tu matrimonio



El psicólogo Doug Weiss, norteamericano, director del centro de consejería familiar Heart to Heart, es el autor de varios libros de ayuda para la vida matrimonial, entre ellos The 7 Love Agreements (Los 7 acuerdos del amor) en el que propone a los matrimonios tomarse en serio su relación y apostar por ella con fuerza tomando el firme propósito de cumplir con siete acuerdos básicos que los protegerán de la ruptura y del desamor. 

"Estos acuerdos de amor no garantizan resultado inmediatos, pero nos lanzan en un proceso de mejorar la relación. El proceso funciona mejor cuando esposa y esposo optan juntos por ellos. Pero un cónyuge por su cuenta puede hacer estos acuerdos por si solo como una forma de acercarse más a su pareja. Estos acuerdos de amor no son promesas para hacer una sola vez en la vida. Como seres humanos, tenemos que ser pacientes y amables. Es mejor repasarlos y renovarlos frecuentemente. Día a día construirán amor verdadero e intimidad" señala el autor. 

Los 7 acuerdos del amor

1. Fidelidad: Seré fiel a mi cónyuge siempre, en toda circunstancia.

2. Paciencia: No intentaré cambiar las cosas de mi cónyuge que no me gustan, pero yo sí modificaré aquellos de mis hábitos que molestan a mi cónyuge.

3. Perdón: Cuando haya ofendido a mi pareja, rápidamente pediré perdón. Y yo perdonaré sus ofensas en mi corazón incluso antes de que me lo pida.

4. Servicio: Me anticiparé a las necesidades emocionales, espirituales, físicas y materiales de mi cónyuge y haré todo lo que pueda para satisfacerlas.

5. Respeto: No hablaré ni actuaré de formas que pongan en ridículo o avergüencen a mi cónyuge.

6. Amabilidad: Seré amable con mi pareja, eliminando cualquier rasgo de aspereza en mi comportamiento y en mis palabras.

7. Celebración: Apreciaré los dones de mi pareja y sus atributos y los celebraré personalmente y también públicamente.

"Cuando entiendes los acuerdos de amor, te das cuenta de que puedes tomar decisiones de corazón que te orientan a actuar de forma más cristiana con tu esposo o esposa", explica Doug Weiss.

Pueden parecer objetivos muy ambiciosos, muy elevados, pero Weiss explica que "al menos, al intentarlo, irás en la dirección correcta". 


La clave está en empezar un camino decidido de amar intencionalmente. "Empezarás a encontrar formas de mejorar, y eso dará una dinámica nueva a tu matrimonio". 


martes, 27 de junio de 2017

5 Pasos para afrontar una crisis matrimonial

La mayoría de las personas le temen demasiado a una crisis matrimonial pues creen que ésta podría ser el fin de todo. Sin embargo, hay mucho por hacer antes de “tirar la toalla”. Estos son cinco pasos que ayudarán a afrontar las crisis de la mejor manera.  

Las crisis son situaciones naturales que se presentan dentro de los ciclos de las relaciones interpersonales. En el matrimonio estas situaciones pueden y deben superarse con buena voluntad y cierta dosis de inteligencia emocional. Será necesario disponer de todos los medios posibles y la plena disposición para superar las dificultades, que si se manejan de la manera adecuada, fortalecerán la relación, la harán más madura y servirá de aprendizaje para afrontar retos futuros.

Antes de que una crisis se manifieste surgen señales de que algo anda mal en una relación, poniendo en alerta a los implicados. Sin embrago, no todas las personas logran identificar esas señales -o aunque las identifican, se les dificulta aceptar que existen-, lo que finalmente hace que se genere una verdadera crisis.

Los siguientes son cinco pasos que se deben tener en cuenta en tiempos de crisis conyugales y que si se siguen con atención, ayudarán a llevarlas a un feliz término.

Primer paso, aceptar que hay crisis

Para poder afrontar las situaciones, primero hay que hacerlas conscientes y aceptar que están sucediendo. Es frecuente encontrar que las parejas prefieren hacerse a la idea de que “aquí no pasa nada…” o insinúan que el otro es quien está “formando una tormenta en un vaso con agua”; bien porque sienten temor de aceptar la realidad, o bien porque no quieren salir de su zona de confort y piensan que las cosas mejorarán con el tiempo. Aceptar que el matrimonio está pasando por una crisis, no significa que esté sepultado.

Segundo paso, no empeorar las cosas

Cuando se vive una crisis de pareja, el ambiente que les rodea suele ser pesado, negativo y hay cierta predisposición a los conflictos, es por esto, que se debe evitar que la situación se torne más grave de lo que ya puede estar, en otras palabras: no hay que echar más leña al fuego.

Si realmente hay verdaderas intenciones de recuperar la armonía conyugal y salir de ese panorama pantanoso, lo primero que se debe hacer es presentar una actitud positiva. Para que las cosas cambien hay que empezar por uno mismo, así el cónyuge no muestre hasta el momento ninguna intención de cambio. Esto puede resultar difícil pues ya hay de por medio una desmotivación a luchar por el matrimonio, pero hay que partir del convencimiento que el amor es una decisión y todo es posible si se propone. No se puede olvidar que para lograr el éxito en el matrimonio no se trata de `encontrar una buena persona´, sino `ser una buena persona´.

Puede ayudar el hecho de recordar los momentos felices por los que han pasado juntos: los primeros años del matrimonio, el noviazgo, el nacimiento de los hijos, la adquisición de la casa, unas vacaciones… en fin, tantos momentos que se han compartido en pareja y que pueden ser fuentes de tranquilidad en los momentos tormentosos.

Tercer paso, no cerrarse al diálogo

La crisis perjudica la comunicación entre los esposos, lo que inevitablemente empeora las cosas. Cuando falla la comunicación, falla todo. Hay que empezar por dialogar con la pareja sobre la dificultad que está ocurriendo y entre los dos buscar las salidas al problema.

Cuarto paso, siempre hay algo por hacer

¿Por qué la primera palabra que surge cuando se entra en crisis es “separación”? Claramente porque nos rodea un ambiente facilista que nos anula la posibilidad de luchar.

No se puede dar como perdida la batalla cuando ni siquiera se ha luchado por ganarla. Hay que ser optimistas y pensar que sólo es un momento de dificultad que puede solventarse. Todo en la vida requiere esfuerzo y dedicación, las dificultades matrimoniales no son la excepción. Desde que exista el deseo de mejorar las cosas, siempre habrá algo por hacer. En estos casos, precipitarse no es la mejor opción; se necesita tiempo, entrega, voluntad y ganas.

Quinto paso, buscar ayuda

En algunos casos no bastará con las buenas intenciones, ni los intentos por recobrar la comunicación. La orientación de una persona experta en el tema, alguien ajena al asunto que esté en el punto medio, sin parcialismos, ayudará a mirar el problema con más objetividad, desmontando dudas creadas que al final no tienen razón de ser.

De la misma manera, es natural que cada cónyuge le de un enfoque diferente al problema, generalmente culpando al otro. Sin embargo, una vez se acude a la orientación profesional, la crisis se canaliza bajo un mismo punto de vista, logrando entonces una solución rápida y acertada.

Toda crisis genera un cambio, un impacto que debe ser positivo y que en últimas afianza la relación. Crisis no es sinónimo de desamor, lo importante es superarla y sacarle partido a una situación que pudo ser negativa pero que cambió su cauce gracias al compromiso de “querer, querer”: ejercicio de la voluntad propio del amor matrimonial.



sábado, 25 de febrero de 2017

Daños de la píldora del día después


La anticoncepción de emergencia provoca daños enormes. Porque bajo esta fórmula engañosa (“anticoncepción de emergencia”), especialmente con el recurso a la píldora del día después, se esconde la búsqueda no sólo de impedir la concepción, sino de destruir la vida del hijo si ya hubiese iniciado a existir.

        Hay mujeres que, después de una relación sexual, recurren a estos métodos porque tienen miedo de iniciar el embarazo. Pero al actuar así “disparan” de un modo indiscriminado contra todo lo que pueda ocurrir en su cuerpo.

        Este modo de actuar provoca daños enormes. Ahora sólo queremos poner en evidencia tres.

        El primero consiste en promover un uso menos responsable la sexualidad.

        La sociedad moderna ha logrado que millones de hombres y mujeres vivan las riquezas presentes en la propia sexualidad fuera de su contexto plenamente responsable. Porque tener relaciones sexuales no es simplemente un juego, ni un normal acto de ternura, ni una expresión de amistad pasajera. Es mucho más, pues implica a dos personas que, desde su fecundidad, se dan plenamente el uno al otro y quedan así abiertos a la posible llegada de un hijo. Ese darse plenamente sólo es correcto en un compromiso completo, en el matrimonio, y con la actitud responsable de quienes están dispuestos a acoger, cuidar y amar a los hijos que puedan ser concebidos desde el amor de los esposos.

        Si el sexo es vivido fuera de su sentido profundo, se cae en un sinfín de deformaciones. Una de ellas consiste en considerar al otro o a la otra simplemente como objeto de placer, o como cómplice en la búsqueda de mi placer. Otra consiste en ver la vida sexual como algo desligado del matrimonio, cosa que ocurre tristemente en tantas personas que aceptan la fornicación o el adulterio como si así no cometiesen ninguna falta grave. Otra lleva a una mentalidad antivida, a través del uso de una serie de métodos que “aseguren” que el hijo no llegará nunca a existir, o que si empieza a vivir será eliminado cuanto antes.

        Aquí radica el segundo daño de la anticoncepción de emergencia: el que se busque destruir en el seno de sus madres a sus hijos.

        Es cierto que la mayoría de las veces la anticoncepción de emergencia no actúa sobre un embrión, porque no todas las relaciones sexuales permiten que inicie una nueva vida humana. Pero también es cierto que en muchos casos sí se ha dado la concepción, y entonces la píldora del día después (u otros métodos) condenan al embrión a una muerte silenciosa y oculta, pero no por ello menos muerte ni menos injusta.

        Lo anterior lleva, precisamente, a un tercer daño: la angustia y la duda en la que puede vivir una mujer después de haber recurrido a estos métodos. ¿Cómo saber si el uso de la píldora del día después provocó la muerte de un hijo, o no tuvo mayores consecuencias? La duda queda anclada en el corazón de muchas mujeres que, por no confiar en Dios y por no abrirse al respeto y cariño que merece cada hijo, “dispararon” un día contra sus cuerpos sin saber con certeza si estaban matando o no a un hijo muy pequeño.

        Quedan otros daños que podrían señalarse sobre la píldora del día después, como los peligros para la salud de la mujer, que “bombardea” su cuerpo con sustancias que buscan que el organismo no funcione bien. Pero el daño más profundo, el más grave, el que puede dejar secuelas días, meses, y años, es esa duda, esa incerteza que puede asomarse una y otra vez: ¿habré matado a mi hijo?


        Con una educación seria y objetiva al amor y a la responsabilidad, la anticoncepción de emergencia dejará de ser un producto tristemente famoso en el mercado. En su lugar, habrá más jóvenes valientes y decididos a tomar en serio el amor y a evitar relaciones sexuales antes del matrimonio. Habrá esposos que vivirán su entrega mutua no con miedo al hijo, sino con esperanza para que, si Dios así lo quiere, ningún pequeño sea excluido en la casa de sus propios padres. Habrá compañías farmacéuticas dedicadas a servir a la vida y a ayudar a la maternidad, y no orientadas a la muerte de los embriones. Habrá, en definitiva, un mundo más justo y, sobre todo, más decidido a amar, a acoger, a servir a quienes llenan de alegría nuestra tierra maravillosa: a los hijos, que son también hijos amados por el Dios de la vida.

Fernando Pascual, L.C.

miércoles, 12 de octubre de 2016

10 Razones por las que la pornografía destruye el matrimonio

Foto: Pixabay 

La pornografía, más accesible que nunca debido a Internet, está destruyendo matrimonios. En 2004 una investigación de la doctora Jill Manning, autora del libro "What's the Big Deal about Pornography: A Guide for the Internet Generation" encontró que en el 56% de los casos de divorcio en EEUU al menos uno de los cónyuges experimentaba un interés obsesivo en páginas pornográficas. Hoy, 12 años después, con más acceso digital en los dispositivos móviles, los datos son peores.

En 2013 las páginas de pornografía recibieron 450 millones de visitantes únicos al mes. Eso es mucho más que Amazon, Netflix y Twitter combinados. Además el 30% de toda la información transferida por internet está relacionada con el porno. Cada segundo 28.258 personas  están viendo pornografía en internet y cada segundo se gasta 2.719,77 € en pornografía en la red. 

Por eso es importante hablar de este tema que tanto afecta a los matrimonios. A continuación compartimos un escrito de la web Sorpresasparatupareja.com el cual expone diez causas por las que el consumo de pornografía en el matrimonio daña la relación y la pareja, basadas en investigaciones científicas, encuestas y estudios reales.

1. Destruye la confianza 


De acuerdo a numerosos estudios, una exposición prolongada a la pornografía lleva a una disminución de la confianza entre la pareja. No es de extrañar, ya que la pornografía y el secretismo van de la mano.

La mayoría de las personas que ven pornografía hacen todo lo posible para que permanezca oculto. Las parejas se sienten traicionadas cuando se enteran de que se lo han estado ocultando tanto tiempo y se preguntan qué más habrá que no saben.

2. Obstaculiza la intimidad emocional



La pornografía te lleva a que trates a la otra persona como un objeto y no puedas tener una interacción significativa con ella. Hay una gran diferencia entre tener sexo y hacer el amor.

El sexo se trata de placer, mientras que hacer el amor se trata de conectar. El sexo se trata del cuerpo, mientras que hacer el amor se trata de la persona.

3. Destruye la autoestima 



Cuando los hombres y mujeres habían sido expuestos a la pornografía eran más propensos a no estar satisfechos con la apariencia física, el afecto y el rendimiento sexual de su pareja. Además no sólo afecta en cómo ves a los otros, sino también en cómo te ves a tí mismo. 

Los que ven porno piensan de sí mismos que son menos atractivos. Las investigaciones han descubierto que los consumidores de pornografía se comparan a ellos mismos y a sus parejas con los modelos de las imágenes que ven. Como consecuencia pierden interés en el sexo porque se vuelven más críticos con la apariencia de su pareja.

4. Causa egoísmo



Promueve el egoísmo y el placer inmediato. Muchos piensan sólo en recibir, no en dar. Una relación donde uno solo está interesado en recibir no dura mucho tiempo. Un hecho muy curioso es que el día que menos pornografía se ve en América es el día de “Acción de Gracias”. Interesante, considerando que la gratitud y el egoísmo son opuestos.

5. Degrada a las mujeres



Los resultados muestran que cuanto más porno ve un hombre, más probable es que quieran que las mujeres sean sumisas y subordinadas a ellos. Cambia la manera en que los hombres ven a las mujeres. Las ven como objetos y no como únicas y valiosas debido a la manera degradante en la que las mujeres y el sexo son retratados. 

Y eso sin mencionar que el porno muestra a las mujeres siendo dominadas y abusadas sólo para su disfrute personal.

6. Deteriora la vida sexual



Puede llevar a una disminución de la actividad sexual. Una encuesta reciente de los usuarios que ven pronografía muestra que el 19% sufre eyaculación precoz, el 25 % no tienen interés en el sexo con su pareja, el 31% tienen dificultades con llegar al orgasmo y el 34% experimenta disfunción erectil.

Después de comprometerse a no masturbarse y no ver pornografía, el 60 % de ellos sintió que sus funciones sexuales habían mejorado y el 67% tuvo un aumento en sus niveles de energía y en productividad. Muchas personas dicen que usan la pornografía para darle un poco de vida a su relación pero, sin embargo, los estudios muestran que destroza tu líbido.

7. Conduce a la insatisfacción matrimonial



Las investigaciones han mostrado que los hombres que han sido expuestos a la pornografía se puntúan a ellos mismos como menos enamorados de su pareja de lo que se puntúan los que no la han visto. El hecho es que la pornografía no es sólo una fantasía, sino que hace más difícil tener relaciones de amor verdaderas. 

Debido a que la pornografía es retratada como fácil y rápida, el sexo en el matrimonio es visto como algo complicado y que requiere mucho trabajo. Como resultado, el romance disminuye.

8. Es una puerta de entrada a la infidelidad



Incrementa la infidelidad matrimonial en un 300%.Viendo pornografía disminuye el compromiso con la relación. Las relaciones libres de pornografía son más fuertes y con un índice de infidelidades menor. El índice es al menos la mitad de los que han visto pornografía solos o con su pareja.

Es interesante cómo la sociedad nos dice que si no permites la pornografía en tu matrimonio estarás llevándole a él a la infidelidad, cuando en realidad la pornografía está ligada a la infidelidad.

9. Está vinculada a la depresión, el estrés y la ansiedad



Los hombres que tienen ciber sexo tienen un índice alarmantemente alto de depresión clínica, estrés y ansiedad. Estas tres cosas pueden tener un impacto fuerte no sólo en nosotros mismos, sino en nuestro matrimonio.

10. Altera el cerebro 



Esto es lo escalofriante: cuanto más porno ve una persona, más severo será el daño a su cerebro y más dificil será liberarse. Científicos de la Universidad de Cambridge han estudiado recientemente el cerebro de los adictos a la pornografía y han descubierto que se ven exactamente iguales que los adictos a las drogas.

Al igual que con otras sustancias adictivas, la pornografía llena el cerebro de dopamina. Y cuanto más ves pornografía, más insensible te vuelves. La diferencia con otras adicciones es que con la pornografía no es que quieras más y más (como en el caso del alcohol), sino que quieres una pornografía diferente. Muy a menudo los usuarios se aventuran en contenido cada vez más perverso, por eso la pornografía está ligada a la violencia y el crimen.



Como vemos, la pornografía no ayuda en nada al matrimonio. Pero algo que sí sabemos es que es posible, es eliminarla de la vida; es un esfuerzo que sin duda merece la pena.


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