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"El Señor no mira tanto la grandeza de las obras como el amor con que se hacen." Santa Teresa de Ávila
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lunes, 28 de noviembre de 2011

Abre el corazón para decir adiós

En nuestro camino encontramos muchas almas con las que interactuamos
e intercambiamos energías de un modo que contribuye a nuestro
crecimiento y al suyo. Aprendemos lecciones conjuntamente.
Compartimos la mesa. Compartimos el amor. Pero a menudo llega el
momento de decir adiós.

Hay despedidas que llegan de manera súbita, inesperada, sin
advertencia. Hay despedidas que podemos planear y hasta programar.
La duración de la despedida no tiene importancia. Lo que importa es
cómo manejamos nuestras despedidas.

Podemos despedirnos con el corazón abierto y agradeciendo todo lo
que hemos aprendido. O podemos cerrar el corazón y decir con
amargura que hemos vuelto a perder.

Podemos decir adiós con una actitud de confianza, fe y amor, en la
creencia de que nuestros corazones nos unieron durante un tiempo
para disfrutar de la vida y avanzar a nuestro viaje. O podemos
hacerlo emitiendo juicios duros preguntándonos "¿qué hicimos mal
para que nuestro camino nos impidiera continuar unidos?". Podemos
decir adiós con el corazón abierto, sintiendo tristeza, añoranza y
alegría. O podemos decir adiós bloqueando nuestras emociones y
afirmando que así es la vida.

A veces es hora de decir adiós. No siempre podemos elegir el
momento, pero podemos elegir las palabras de nuestro coraz
ón...




Dedicado a  NIMIA TORRES VDA. DE ARZAMENDIA.. a 1 año de tu partida...
Tía, te extrañamos... Q.E.P.D.


sábado, 26 de noviembre de 2011

SERÁS UN TRIUNFADOR


Cuando el egoísmo no limite tu capacidad de amar.
Cuando confíes en ti mismo aunque todos duden de ti y dejes de preocuparte por el qué dirán.
Cuando tus acciones sean tan concisas en duración como largas en resultados.
Cuando puedas renunciar a la rutina sin que ello altere el metabolismo de tu vida.
Cuando sepas distinguir una sonrisa de una burla, y prefieras la eterna lucha que la compra de la falsa victoria.

Cuando actúes por convicción y no por adulación.
Cuando puedas ser pobre sin perder tu riqueza y rico sin perder tu humildad.
Cuando sepas perdonar tan fácilmente como ahora te disculpas.
Cuando puedas caminar junto al pobre sin olvidar que es un hombre, y junto al rico sin pensar que es un dios.
Cuando sepas enfrentar tus errores tan fácil y positivamente como tus aciertos.
Cuando halles satisfacción compartiendo tu riqueza.
Cuando sepas obsequiar tu silencio a quien no te pide palabras, y tu ausencia a quien no te aprecia.
Cuando ya no debas sufrir por conocer la felicidad y no seas capaz de cambiar tus sentimientos o tus metas por el placer.
Cuando no trates de hallar las respuestas en las cosas que te rodean, sino en Dios y en tu propia persona.
Cuando aceptes los errores, cuando no pierdas la calma, entonces y sólo entonces, serás... ¡UN TRIUNFADOR!

http://webcatolicodejavier.org/triunfador.html

jueves, 24 de noviembre de 2011

7 consejos prácticos para mejorar la seguridad de tu casa


1 - Cierre su casa con pestillo antes de marcharse: este consejo puede parecer muy obvio, pero no todo el mundo lo lleva a cabo. Abrir una puerta que no tiene echados los pestillos es tan sencillo como pasar una tarjeta a través de ella.

2. Cuide sus llaves: Si por cualquier motivo las perdemos debemos cambiar las cerraduras enseguida.También es recomendable cambiar las cerraduras si acabamos de comprar una casa nueva, pues nuestras llaves pueden no ser la única copia.

3. Guarde sus llaves y su información personal en sitios diferentes: nunca debemos dejar nuestras llaves junto a información que pueda llevar a localizar nuestra vivienda, como por ejemplo el DNI.

4. No esconda llaves cerca de su casa: esconder las llaves debajo de la alfombrilla o en una planta no es una buena idea. Si necesitamos tener llaves de repuesto lo mejor es dejárselas a alguien de confianza.

5. No comente en público que sale de vacaciones: los cacos están atentos a cualquier casa que pueda quedarse vacía.

6. Haga parecer su casa habitada: los ladrones evitan entrar en casas que parecen habitadas. Cuando os vayáis a dormir dejad encendida alguna pequeña luz en una ventana visible. Para los periodos vacacionales puede utilizar los temporizadores de luz que encienden y apagan las luces imitando los hábitos de su familia.

7. Marque sus objetos de valor: de este modo podremos reconocerlos si nos los roban. Anotar la marca, el valor, su número de serie y fotografiarlos puede ayudar a la policía a localizar a los ladrones.


miércoles, 23 de noviembre de 2011

LA FLOR

La flor no nace para ser hermosa. Nace para ser flor. Su belleza requiere de que quien la mire tenga capacidad para descubrirla. Pueden pasar a su lado cientos... miles... Algunos ni siquiera se percatarán de su existencia. Otros no encontrarán en ella nada singular que la haga resaltar del paisaje que la contiene.

Habrá quienes pensarán que sólo es una flor más. Aún tal vez aparezcan los que le dedicarán un par de miradas atraídos por sus colores y seguirán su camino.

Pero en algún momento aparecerá quien no la considere una flor más, Tenga todo el tiempo necesario para deleitarse observándola en cada milímetro, descubra nuevas sensaciones al acariciar suavemente sus pétalos, y no siga de largo, sino que decida que es una flor demasiado hermosa para no conservarla. Así con profundo cuidado y amor, cavará en torno de su raíz y poniendo todo su cariño y atención la llevará a su propio jardín donde en cada momento pueda tenerla cerca para quererla, apreciarla, dejarse cautivar por ella... para amarla.

Sin embargo nadie le pidió que cambie su color, su forma, su aroma. Ella nació flor. Así también tu vida puede ser como esa flor. Tal vez pasen cientos o miles a tu lado sin percatarse de tus valores, de tus sentimientos, de tu propia existencia. Hasta que alguien con la capacidad interior necesaria te descubrirá en medio del mundo. Y posará en ti sus ojos. Y te hará parte de su mundo. Sin que para ello debas cambiar o mostrarte en forma distinta.

Alégrate de haber nacido flor y espera la llegada de ese gran día. 



 Me encanta las margaritas!!! 


de Canela C
Fuente:Encuentra.com

lunes, 21 de noviembre de 2011

17 años ya Papá...


En éste día tan especial quiero decirte Papá que ....
desearía volverte a la vida para  tenerte de nuevo a mi lado, para pedirte perdón por  tantas cosas, … que tus manos acaricien mi cabeza…  caminar contigo de la mano por las calles, con mis niños, tus nietos,...para abrazarte entero padre mío y decirte lo mucho que te extraño…lo mucho que te busco…

En mis sueños papá te veo… sonriente , feliz como siempre lo fuiste… rodeado por tu amigos, y familiares … conversando, bromeando… y por ello sé padre mío que  estás feliz donde estás, por ello sé padre mio que desde ahí… estás cuidando de  nosotros…

TE QUIERO PAPÁ!!! 

sábado, 19 de noviembre de 2011

Comprometerse

Quien jamás ha sentido el tirón que supone la libertad de atarse, no intuye siquiera la profunda naturaleza de la libertad  

Comprometerse
Comprometerse
Vivimos quizá una época histórica en la que hemos visto cómo grandes utopías han quebrado. Ahora, se mantiene vigente más bien –como señala José Antonio Marina– una utopía sin pretensiones, que había permanecido latente, oscurecida por la prepotencia de las demás. Se trata de la utopía ingeniosa. La nueva humanidad se siente cómoda en un ambiente poco agresivo, tolerante, en el que los individuos, liberados por desligación de la influencia de los demás, se disponen a probarlo todo. Se ha abolido lo trágico y se navega con soltura en una afectividad ingeniosa: divertida, no comprometida, y devaluadora de lo real.

Nuestro siglo (el pasado), que ha sido, posiblemente, el más sangriento y trágico de la historia, justifica el descrédito de la seriedad, porque en el origen de las grandes tragedias que nos han conmovido aparece siempre alguien que se tomó algo demasiado en serio, fuese la raza, la nación, el partido o el sistema. La sociedad desconfía, con razón, de todo fanatismo. Hay un valor máximo, que es la libertad, y el resto son procedimientos para conseguirla. Le cuesta admitir cualquier afirmación sostenida con vigor. Cualquier norma excesivamente definida le asusta. Busca el vagabundeo incierto, el buen humor. Odia los tonos regañones y gruñones. Una consigna tácita nos ordena no tomar nada en serio, ni siquiera a nosotros mismos. Hemos descubierto las ventajas de la anestesia afectiva, todos somos divertidos, la publicidad adopta un tono humorístico, las costumbres son desenfadadas, las modas ingeniosas. Nada se libra de la atracción de la levedad.

Es cierto que hay que reconocer grandes conquistas a esta mentalidad. Entre otras cosas, haber barrido —literalmente— a toda una fauna de personajes bastante ridículos y prepotentes. Hay que reconocerlo y agradecerles sus servicios.

Sin embargo, es fácil comprobar que esa actitud de levedad produce frutos ambivalentes: pretende fortalecer el Yo, y acaba, sin embargo, propugnando un Yo débil, fluido e insolidario; en vez de exaltar la creatividad, que es lo que pretendía, engendra un sujeto errático y pasivo.

La huida de la realidad convierte al hombre en simple espectador de su vida. El rechazo del compromiso abre paso a una espontaneidad aleatoria, gracias a la cual el hombre es lo que le da la gana, es decir, lo que se le ocurre, es decir, una ocurrencia imprevisible. Las equivalencias impiden la elección, porque aunque hay abundantes solicitaciones, todas son equiparables y de carácter efímero.

Eludir el compromiso es eludir la realidad. Es ineludible comprometerse porque la vida está llena de compromisos: compromisos en el plano familiar, en el profesional, en el social, en el afectivo, en el jurídico y en muchos más. La vida es optar y adquirir vínculos: quien pretenda almacenar intacta su capacidad de optar, no es libre: es un prisionero de su indecisión.

Saint-Exupéry dijo que la valía de una persona puede medirse por el número y calidad de sus vínculos. Por eso, aunque todo compromiso en algún momento de la vida resulta costoso y difícil de llevar, perder el miedo al compromiso es el único modo de evitar que sea la indecisión quien acabe por comprometernos. Quien jamás ha sentido el tirón que supone la libertad de atarse, no intuye siquiera la profunda naturaleza de la libertad.

Autor: Alfonso Aguiló | Fuente: interrogantes





  • Preguntas o comentarios al autor





  • viernes, 18 de noviembre de 2011

    Ni la policía americana...

    Se alejó del precipicio y, ante el asombro de todos, bajó las escaleras donde estaban los bomberos  
    La tarde del pasado día 30 de octubre conversaba con un matrimonio, en la segunda planta de un bloque de pisos de una de las calles más populosas de Valencia. Cuando la conversación entraba en la parte más interesante sonó el teléfono. «Es mi abuela –dijo la señora de la casa– que vive en el cuarto piso y dice que salgamos al balcón».

    Sólo salir, pudimos ver un par de coches de bomberos, una ambulancia, mucha policía nacional y una zona acordonada en cuyo centro había un enorme colchón, más grande que una piscina…

    – Parece que va a haber un suicidio.

    – ¡No puede ser! –exclamé, dándome cuenta de lo que eso suponía.

    – Sí –dijo la señora–, hace dos años vi algo parecido y era eso.

    – Pues debería bajar. Aunque… no sé qué puedo hacer.

    – Baja, si no, no te quedarás tranquilo.

    Ya decidido me puse la chaqueta, bajé las escaleras y fui a preguntarle a uno de los bomberos…

    – ¿Qué pasa?

    – Que ese hombre se quiere tirar. –En el 12º piso había un muchacho de pie preparado para tirarse.

    – ¿Puedo ayudar en algo? –No me hizo falta decir que era sacerdote, porque si no hubiera llevado sotana no hubiera podido ni atravesar el cordón que impedía el paso.

    – No lo sé; hable con la policía.
    La policía me dijo que debía ser el jefe de bomberos el que me diera la autorización.

    – Voy a llamar arriba, a ver qué dicen –me dijo el jefe de bomberos–. «Aquí hay un párroco que pregunta si puede hacer algo…» (Un párroco, un cura, un sacerdote, ¡da lo mismo!)

    – Dicen mis compañeros que suba y que ya verá usted si puede hacer algo o no.

    Me acompañó un bombero y una psicóloga. Llegamos a la terraza pero era imposible llegar hasta donde estaba el chico, sino sólo por una escalera que estaba ocupada por los bomberos. No había contestado a nada ni a nadie de todos los que estaban en la terraza: cinco bomberos, tres policías y dos doctoras.

    Una de ellas me dijo: «Qué pena, la policía americana al menos tiene psicólogos»; a lo que contesté: «Sí, pero no tiene curas».

    Me acerqué por fin al muchacho y le dije: «Soy sacerdote, escúchame. No hagas eso. Dios te ama, hijo». Nada, ni palabra. Aunque me miró.
    Quince minutos después pareció que iba a dejarse caer, pues solamente se aguantaba con las manos, y volví a intentarlo:

    – Dios te va a ayudar desde el Cielo.

    – ¡Dios no existe! –respondió.

    La policía se alegró. Eran las primeras palabras que decía en mucho rato. Le pregunté si había hecho la Primera Comunión. Me dijo que sí. Me dijo también que estaba confirmado y que le confirmó un sacerdote, no el obispo.

    Ya entablada la conversación le dije: «Ven aquí, hombre. Siéntate y seguimos charlando». Se alejó del precipicio y, ante el asombro de todos, bajó las escaleras donde estaban los bomberos por su propio pie y entró en el ascensor.

    Me despedí de él. Quedamos para la semana siguiente. Le di gracias a Dios y me despedí de policías y bomberos, después de decirle a la doctora: «Se lo dije, en la policía americana no tienen sacerdotes».


    Esta historia y otras mil, fueron recopiladas durante el Año Sacerdotal. Las cien mejores están publicadas en el libro "100 historias en blanco y negro", que puede adquirirse en www.100sacerdotes.com

    Autor: Antonio María Domenech Guillén. Cuenca (España) | Fuente: www.100sacerdotes.com 

    martes, 15 de noviembre de 2011

    Muere lentamente

    Muere lentamente quien no viaja,
    quien no lee,
    quien no oye música,
    quien no encuentra gracia en sí mismo.
    Muere lentamente
    quien destruye su amor propio,
    quien no se deja ayudar.
    Muere lentamente
    quien se transforma en esclavo del hábito
    repitiendo todos los días los mismos
    trayectos,
    quien no cambia de marca,
    no se atreve a cambiar el color de su
    vestimenta
    o bien no conversa con quien no
    conoce.
    Muere lentamente
    quien evita una pasión y su remolino
    de emociones,
    justamente estas que regresan el brillo
    a los ojos y restauran los corazones
    destrozados.
    Muere lentamente
    quien no gira el volante cuando esta infeliz
    con su trabajo, o su amor,
    quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir
    detrás de un sueño
    quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida,
    huir de los consejos sensatos...
    ¡Vive hoy!
    ¡Arriesga hoy!
    ¡Hazlo hoy!
    ¡No te dejes morir lentamente!
    ¡NO TE IMPIDAS SER FELIZ!

    Pablo Neruda

    viernes, 11 de noviembre de 2011

    Las espinas dan rosas

    La vida es un rosal que produce espinas y rosas. Debo cuidarme de no clavarme las espinas, pero no siempre lo conseguiré.



    El hábito de mirar el mejor lado de las cosas es una clave para ser feliz. Claro que hay sombras, pero también hay sol. Claro que hay problemas en la vida, pero también hay soluciones.

    Todas las cosas tienen el lado bueno y el lado menos bueno. Algunos se empeñan en ver sólo el lado malo, y se amargan la existencia. Otros, en cambio, buscan en todas las cosas el lado bueno, y son felices. “Los tallos de rosa tienen espinas”, dicen los pesimistas. Pero los optimistas responden: "Las espinas producen rosas”.

    La vida es un rosal que produce espinas y rosas. Debo cuidarme de no clavarme las espinas, pero no siempre lo conseguiré. Algunas espinas se me clavarán en el alma. Pero eso no me impedirá disfrutar de las maravillosas rosas que produce el rosal.

    Una vez que perdemos el ánimo, perdemos un cierto número de días de nuestra vida. El que nos desanima, nos hace un daño total, y, si somos nosotros mismos, nos convertimos en nuestros peores enemigos.

    Todo se puede remediar, mientras dura la vida. El ser más animoso de todos es Dios, que logra continuamente cambios de pecadores empedernidos en santos de altar. Él sabe que se puede; que hoy pueden estar las cosas negras, pero mañana pueden amanecer blancas. ¡Qué fácilmente nos damos por vencidos! Cada día más. El colmo del desaliento es la desesperación total, el darse un tiro en la sien, colgarse de una cuerda. Suicidarse, de la forma que sea, significa que no queda ni rastro de esperanza.

    No todos llegan al suicidio, pero se pueden acercar peligrosamente. Y los problemas, ¿qué? Los problemas están ahí, pero yo estoy aquí, y no me dejo apabullar, porque sé que cada problema tiene por lo menos una solución. Sé que la actitud frente a un problema, la forma de reaccionar frente al mismo es mil veces más importante que el problema mismo. Hasta se podría decir: ¡Felicidades, tienes un problema!

    Si puedo amar a Dios y a mis hermanos; si puedo realizar grandes cosas para mejorar el mundo; si puedo hacer felices a los demás y a mí mismo vale la pena vivir, aunque me clave alguna espina de dolor en el trayecto. Mas aún, las espinas pueden convertirse en rosas: Los sufrimientos de la vida, llevados por amor, se convierten en las rosas más bellas. 
    Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net



    lunes, 7 de noviembre de 2011

    Lo más importante que he hecho en mi vida.


    En cierta ocasión, durante una charla que dí ante un grupo de profesionales, me hicieron esta pregunta:

    - " ¿Qué es lo más importante que ha hecho en su vida?"

    En mi calidad de ingeniero industrial, sabía que los asistentes deseaban escuchar anécdotas sobre mi trabajo, entonces les respondí:

    - "Lo más importante que he hecho en la vida, tuvo lugar el 8 de octubre de 1990. Comencé el día jugando al golf con un amigo mío al que no había visto en mucho tiempo. Entre jugada y jugada me contó que su esposa y él acababan de tener un bebé.

    Mientras jugábamos, llegó el padre de mi amigo, que consternado, le dijo que al bebé se lo habían llevado de urgencia al Hospital. En un instante, mi amigo se subió al auto de su padre y se marchó. Yo, por un momento, me quedé donde estaba, sin saber qué debía hacer. ¿Seguir a mi amigo al hospital?. Mi presencia allí, me dije, no iba a servir de nada, pues la criatura estará al cuidado de médicos y enfermeras, y nada de lo que yo hiciera o dijera iba a cambiar las cosas. ¿Brindarle mi apoyo moral? Eso, quizás, pero tanto él como su esposa provenían de familias numerosas, y sin duda estarían rodeados de parientes, que les ofrecerían el apoyo necesario. Lo único que haría yo, sería estorbar. Así que decidí ir más tarde al hospital a visitar a mi amigo. Al poner en marcha mi coche, me percaté que mi amigo había dejado su todoterreno con las llaves puestas, estacionado junto a las canchas. Decidí entonces cerrar su coche e ir al hospital a entregarle las llaves. Como supuse, la sala de espera estaba llena de familiares. No tardó en presentarse un médico, que se acercó a la pareja, comunicándoles en voz baja que su bebé había fallecido. Los padres se abrazaron y lloraron, mientras todos los demás los rodeamos en medio del silencio y el dolor. Al verme mi amigo, se refugió en mis brazos y me dijo:"Gracias por estar aquí". Durante el resto de la mañana, permanecí sentado en la sala de urgencias del hospital, viendo a mi amigo y a su esposa sostener en brazos a su bebe y despedirse de él. "Esto es lo más importante que he hecho en mi vida", y aquella experiencia me dejó tres enseñanzas:

    Primera: lo más importante que he hecho en la vida, ocurrió cuando no había absolutamente nada que yo pudiera hacer. Nada de lo racional que aprendí en la universidad, ni en el ejercicio de mi profesión, me sirvió en tales circunstancias. A dos personas les sobrevino una desgracia y lo único que pude hacer fue acompañarlos y esperar. Pero estar allí, era lo principal.

    Segunda: aprendí que al aprender a pensar, casi me olvido de sentir.

    Tercera: aprendí que la vida puede cambiar en un instante.

    Así pues, hacemos planes y concebimos nuestro futuro como algo real, y olvidamos que perder el empleo, sufrir una enfermedad grave o un accidente y muchas de otras cosas más, pueden alterar ese futuro en un abrir y cerrar de ojos. Desde aquel día, busqué un equilibrio entre el trabajo y la vida; Aprendí que ningún empleo compensa perderse unas vacaciones, romper con la pareja o pasar un día festivo lejos de la familia. Y aprendí que lo más importante en la vida, no es ganar dinero, ni ascender en la escala social, ni recibir honores. Lo más importante en la vida, es el tiempo que dedicamos a cultivar una amistad.

    Por eso doy infinitas gracias a Dios por:

    a)  Por mis hijos que NO limpian sus cuartos, pero están viendo la tele, porque significa que están en casa y no en las calles.
    b)  Por los descuentos en mi sueldo, porque significa que estoy trabajando.
    c)  Por el desorden que tengo que limpiar después de una fiesta, porque significa que estuvimos rodeados de seres queridos.
    d)  Por el ruído de las campanas de la iglesia, porque eso significa que está junto a mi casa y no he de realizar sacrificados desplazamientos como ocurre en zonas remotas del planeta y además, puedo libremente asistir sin que peligre mi vida, como en otros países.
    e) Por la ropa que me queda un poco ajustada, porque significa que tengo más que suficiente para comer.
    f)  Por mi sombra que me ve trabajar, porque significa que puedo ver salir al sol.
    g) Por el césped que tengo que cortar, ventanas que necesito limpiar, cañerías que arreglar, porque significa que tengo una casa.
    h)  Por las quejas que escucho acerca del gobierno, porque significa que tenemos libertad de expresión.
    i)  Porque no encuentro estacionamiento, porque significa que tengo un automóvil.
    j)  Por los gritos de los niños, porque significa que puedo oír.
    k)  Por la ropa que tengo que lavar y planchar, porque significa que me puedo vestir.
    l)  Por el cansancio al final del día, porque significa que fui capaz de trabajar duro.
    m)  Por el despertador que suena temprano todas las mañanas, porque significa que... ¡estoy vivo!.
    n)  Y finalmente, por la cantidad de correos electrónicos que recibo, por mis contactos en las redes sociales,  porque significa que tengo amigas y amigos que piensan en mí y porque significa que tengo dispositivos con conexión a Internet.

    ¡Cuántas cosas hay que agradecer al Señor que nos parecen obvias!

    Por eso, amig@, cuando pienses que todo en la vida te va mal, lee esta reflexión y ponte en manos de Dios y de tu Madre del Cielo, la Virgen María.



    Comparte ésta reflexión.  Envíasela a un amigo, familiar o catequista para que ellos también la puedan disfrutar y compartir.



    Fuente:webcatólicodejavier.org

    Mensaje de Nuestra Señora Reina de la Paz





    "Queridos hijos, el Padre no los ha dejado a merced de ustedes mismos. Su amor es inmenso, amor que me conduce a ustedes para ayudarlos a conocerlo, para que todos, por medio de mi Hijo, puedan llamarlo con todo el corazón, “Padre” y para que puedan ser un pueblo en la familia de Dios. Pero, hijos míos, no olviden que no están en este mundo sólo por ustedes
    mismos, y que yo no los llamo aquí sólo por ustedes. Aquellos que siguen a mi Hijo, piensan en el hermano en Cristo como en ellos mismos y no conocen el egoísmo. Por eso, yo deseo que ustedes sean la luz de mi Hijo, que ustedes iluminen el camino a todos aquellos que no han conocido al Padre ―a todos aquellos que deambulan en la tiniebla del pecado, de la desesperación, del dolor y de la soledad―, y que con su vida les muestren a ellos el Amor  de Dios. ¡Yo estoy con ustedes! Si abren sus corazones los guiaré. Los invito de nuevo: ¡oren por sus pastores! ¡Les agradezco!"
     
    Mensaje de Nuestra Señora Reina de la Paz en Medjugorge. 2/11/2011

    miércoles, 2 de noviembre de 2011

    Meditación de Encuentra.com

    La Cruz es el símbolo y señal del cristiano porque en ella se consumó la Redención del mundo. El Señor empleó la expresión tomar la cruz en diversas ocasiones para indicar cuál había de ser la actitud de sus discípulos ante el dolor y la contradicción (Lucas 14, 27 y 9, 23). Nadie se escapa al dolor; parece como si éste derivara de la misma naturaleza del hombre.

    Sin embargo, la fe nos enseña que el sufrimiento penetró en el mundo por el pecado. Dios había preservado al hombre del dolor por un acto de bondad infinita. El pecado de Adán, transmitido a sus descendientes, alteró los planes divinos, y con el pecado entraron en el mundo el dolor y la muerte. Pero el Señor asumió el sufrimiento humano a través de su Pasión y Muerte en la Cruz, y así convirtió los dolores y penas de esta vida en un bien inmenso.

    Si nosotros aceptamos con amor el dolor que el Señor permite para nuestra santificación personal y la de toda su Iglesia, el dolor tiene sentido y nos convertimos en sus verdaderos colaboradores en la obra de la salvación.


     El árbol de la Cruz está lleno de frutos: nos ayuda a estar más desprendidos de los bienes de la tierra, de la salud... Las tribulaciones son una gran oportunidad de expiar nuestras faltas y pecados de la vida pasada, y nos mueven a recurrir con más prontitud y constancia a la misericordia divina. Las contrariedades, la enfermedad, el dolor... nos dan ocasión de practicar muchas virtudes (la fe, la fortaleza, la alegría, la humildad, la identificación con la voluntad divina), y nos dan la posibilidad de ganar muchos méritos. Existen épocas en la vida en las que se presenta abundantemente: no dejemos que pase sin que deje bienes copiosos en el alma.


    Cuando nos veamos atribulados acudamos a Jesús, en quien encontraremos consuelo y ayuda. En el Corazón misericordioso de Jesús encontramos siempre la paz y el auxilio. Junto al Señor, todo lo podemos; lejos de Él no resistiremos mucho. Con Él, nos sabremos comportar con alegría, incluso con buen humor, en medio de las dificultades, como hicieron los santos. El Señor también nos ayudará a ver las pruebas con más objetividad, a no dar importancia a lo que no la tiene, y a no inventarnos penas por falta de humildad, o por exceso de imaginación.

    Acudamos a Nuestra Señora para que Ella nos enseñe a sacar fruto de todas las penas que hayamos de padecer, o que estemos pasando en esos días. 



    Fuente : Encuentra.com


    DEDICADO A BLANCA...FUERZA PRIMA!!!





    martes, 1 de noviembre de 2011

    EL TREN DE LA VIDA



    En un viaje en tren, a lo largo del trayecto, pueden suceder una gran diversidad de situaciones. Nuestra existencia terrenal puede ser comparada a uno de esos viajes, más o menos largo. Primero, porque está llena de embarques y desembarques, algunos accidentes, sorpresas agradables en algunos embarques, y grandes tristezas en algunas partidas.
    Cuando nacemos, entramos en el convoy y nos encontramos con personas que deseamos que sigan siempre con nosotros: nuestros padres. Infelizmente, eso no va a suceder: en alguna estación ellos descenderán y nos dejarán huérfanos de sus cariños, amistad y compañía insustituibles. Mas durante el viaje, otras personas especiales embarcarán y seguirán viaje con nosotros: nuestros hermanos, amigos, amores e hijos.
     El viaje no es igual para todos. Algunos hacen un paseo, otros sólo ven tristezas, y otros todavía circulan por los vagones, para ayudar a quien precise. Muchos descienden y dejan nostalgias eternas... Otros pasan de una forma que, cuando desocupan su asiento, nadie se da cuenta.
     Curioso es constatar que algunos pasajeros que nos resultan complicados, se acomodan en vagones distantes del nuestro, lo cual no impide, está claro, que durante el recorrido nos aproximemos a ellos y los abracemos, aunque jamás podamos seguir juntos, porque habrá alguien a su lado ocupando aquel lugar.
     Pero eso no importa, pues el viaje está lleno de atropellos, sueños, fantasías, esperas, despedidas.
     Lo importante, es que hagamos nuestro viaje de la mejor manera posible, buscando relacionarnos lo mejor posible con los demás pasajeros, viendo en cada uno de ellos lo mejor que tienen.
     Debemos acordarnos siempre que, en algún momento del trayecto, ellos podrán flaquear y tenemos que entenderlos, pues nosotros también flaquearemos muchas veces y queremos que haya alguien que nos entienda.
     La gran diferencia, al final, es que en el tren de la vida, nunca sabemos en qué estación tendremos que descender, y mucho menos en qué estación descenderán nuestros amores, ni siquiera el que está sentado a nuestro lado. Es posible que, cuando tengamos que desembarcar, la añoranza nos venga a hacer compañía. Porque no es fácil separarnos de los amigos, ni dejar que los hijos sigan viaje solos.
     Mientras tanto, en algún lugar, hay una estación principal a la cual vamos todos. Allí nos reencontramos todos. Y cuando llegue esa hora, tendremos grandes emociones al poder abrazar a nuestros amores y matar la añoranza que nos hizo compañía por tanto tiempo...
     Que nuestro breve viaje sea una gran oportunidad de aprender y enseñar, entender y atender a aquéllos que viajan a nuestro lado, porque no fue el azar que los colocó allí...
     Que aprendamos a amar y a servir, comprender y perdonar, pues no sabemos cuánto tiempo aún nos resta hasta la estación donde tendremos que dejar el tren.
     Si tu viaje no transcurre exactamente como esperaba, dale una nueva dirección.
     Admírate de la belleza del camino.
     Busca una manera de dar utilidad a tus horas.
     Preocúpate por aquéllos que siguen viaje a tu lado.
     Deja de lado las quejas y haz que tu trayecto quede marcado con rastros de luz.
     Piensa en eso... Y buen viaje!



    Fuente: http://webcatolicodejavier.org/eltrendelavida.html
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